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EL SON DOMINICANO
(Conferencia 1er Festison del Bacho en la universidad de INTEC y debate
posterior)
César Namnúm
16 de marzo, 1998
Durante una buena cantidad de años hemos estado
discutiendo la posibilidad del origen dominicano del Son, y sobre todo, si el
Son puede considerarse un ritmo nacional como el merengue, la mangülina, los
palos del espíritu santo y otras tantas músicas y bailes. Mientras se discute,
conozco muchas personas para quienes los asuntos teóricos no tienen la menor
importancia. Para ese gran núcleo de dominicanos y dominicanas, poco importa si
el Son nació aquí o en Guanajuato, siempre y cuando se pueda bailar. Sin
embargo, hay que reconocer que no vinimos a hacer un conteo de quién sÍ y quién
no, que es necesario plantear algunos asuntos polémicos o no, que nos permita
dialogar y discutir sobre ellos. Quien les habla lo hará desde la perspectiva de
aquel que, sobre todo ha tenido experiencias vividas dentro del oficio de músico
de Son que asumió hace una buena cantidad de años. Lo que le ha permitido, desde
el observador incluyente que es, constatar buena parte de lo que aquí afirmará.
Pero también lo es aquel que ha logrado tener en sus manos algo de la poquísima
información escrita que existe sobre el Son Dominicano, gracias a la magnánima
benevolencia de buenos amigos; que de ninguna manera nos llevarán a conclusiones
cerradas, puesto que lo que más abunda en el campo que hoy nos ocupa es la
carencia investigativa. He dicho en diversas ocasiones que el Son es dominicano.
Algunas veces con desparpajo y cierta arrogancia y otras muy humildemente. En
cualquiera de los casos lo que realmente he pretendido es acentuar la atención
sobre una música y un baile que nos acompaña prácticamente desde los mismos
albores del nacimiento de lo dominicano. Entendido esto como el proceso
histórico que toma forma y cuerpo con las guerras de Independencia y
Restauraci6n. Efectivamente, creo que hay pocas dudas entre los entendidos de
que el Son existe en Santo Domingo desde mediados del siglo pasado. Si me
pusieran a escoger fechas, y lugares, yo diría que el Son dominicano surgió
entre los años de 1870 y 90 alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto
Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa zona del país han surgido
la mayoría de nuestros ritmos populares. Si ello es cierto, tal y cual creo,
debemos entonces admitir que hay Son en Santo Domingo desde hace un poco más de
cien años. Ahora bien, ya he dicho que no se ha realizado aun ningún rastreo ni
investigaci6n rigurosa sobre este género. A lo sumo existen ciertas reseñas
periodísticas del siglo pasado y del actual, dando cuenta de que en tal lugar se
bailaba y tocaba Son; ciertos comentarios en tal o en cual libro de donde uno
puede deducir esto y lo otro; una que otra persona que ha salido por ahí y ha
visto y oído y ha seguido ciertos rastros que comprueban que lo que sí existe es
el Son mismo. En otras palabras, música compuesta en tiempo de Son desde el
siglo pasado. O sea, el son dominicano está ahí, lo que no está es la
investigación. Y eso es harina de otro costal. Visto así, hablemos entonces de
teorías e hipótesis. Mi creencia es que el son dominicano es un híbrido entre
elementos hispanos y africanos lo que no es ninguna novedad. Que en el caso
nuestro el Son parece haberse derivado del bolero, o es una forma nativa de
tocar el bolero que al principio, y aún ahora en algunos lugares, era llamado
bolero rítmico o bolero con jaleo. Que sin embargo, el más simple de los
análisis armónico-rítmicos permite determinar que aquello ya no es bolero sino
Son. Yo pienso que esta es la forma más original y primaria de la música y el
baile mencionado. Con el tiempo, esta forma de tocarlo se le llamó bolero-son, y
la tradición le endilga su invento a Miguel Matamoros. Por lo regular se habla
de Lágrimas Negras como la primera composición en esta variante. Hoy, aquí,
sabemos que no es así; porque aunque no tengamos tantos datos recopilados, se
conoce que ya en el siglo pasado habían varios sones de la forma mencionada,
compuestos y tocados por la orquesta de Danda Lockward, el padre de ese otro
compositor muy conocido don Juan Lockward. Lágrimas Negras es de los años
treinta de este siglo y para remate se ha comprobado que quien realmente lo
compuso fue una mulata capitaleña de nombre Pura Reyes, cantante de tango, por
mayores señas, quien sostuvo tórrido romance con Miguel en los tiempos de su
publicitada visita durante el año del ciclón San Zenón. Se sabe además, que
Matamoros sólo le agregó el jaleo final. Angela Peña y su Media Naranja hicieron
pública esta información hace apenas algunos meses. Ahora bien, esto era muy
común en esos años. Los compositores dominicanos de Son, a través del tiempo,
cedieron gratuitamente y casi con orgullo, sus temas a artistas ya establecidos.
Es el caso comprobado de Piro Valerio y Chencho Pereyra, dos santiagueros
autores de buena cantidad de letras y melodías. Pues bien, digamos entonces que
hay Son en Santo Domingo desde el siglo pasado y que la forma nativa de
trabajarlo era el ya mencionado bolero con jaleo, y que esta forma se mantuvo
relativamente pura entre nosotros hasta los años veinte de este siglo.
Relativamente pura, porque sabemos que siempre ha habito un trasciego entre la
patria de Martí y la de Máximo Gómez. Pero todo parece indicar que el flujo
migratorio mayoritario para esos años era de aquí para allá. Primero por la
ocupación francesa y haitiana y luego por las Guerras Patrias. Parece que,
inclusive en el plano de la influencia musical, el proceso era en la dirección
mencionada puesto que cuando el admirado escritor y musicólogo cubano Alejo
Carpentier habla de su famosa trilogía danza- danzón - son, refiere que todo
ello proviene de la contradanza francesa. Género musical que tenia entre
nosotros muchos años ya y había sido determinante en el surgimiento del merengue
por los años cincuenta de ese siglo. Claro que la mía es una mención cuasi
frívola de un proceso harto más complejo pobremente estudiado en el país. Pienso
que esto es un punto clave para determinar influencias de lado y lado en esos
años. Pienso que hay que estudiar con singular particularidad la relación Sindo
Garay - Danda Lockwud, de quienes se sabe que mantuvieron larga relación músical
en el siglo pasado y al principio de este en Puerto Plata, tocando y cantando el
primero en la orquesta del segundo. De esa época provienen varias de las
composiciones de Don Danda en tiempo de Son, como el ya mítico Mercedita. Don
Juan, su hijo, ha dicho en varias entrevistas que aprendió a tocar Sones y
boleros viéndolos a ellos. Creo que hay que seguirle el rastro y escudriñar todo
lo posible estas migraciones de aquellos años. Tengo entendido que el cantante
dominicano Fernando Casado ha estado recogiendo algunos datos que piensa
publicar pronto. Hace un tiempo, y un poco en esta línea, revisando temas y
autores en un compacto del excelente grupo cubano Vocal Sampling, me sorprendí
con la informaci6n de que el tema Ojos Malignos, un bolero rítmico, había sido
compuesto por el dominicano J. F. Pichardo en el siglo pasado. Con este tema los
Sampling le hacían un homenaje a la Vieja Trova de Oriente. ¿Un homenaje a la
Vieja Trova Cubana con una canción de un dominicano? Quedé con la inquietud.
Hace apenas unos días, en una revista de sociales de un periódico nacional,
encuentro una reseña sobre la Familia Pichardo. Y entonces aprendo que buena
parte de esta familia emigró al oriente cubano en 1795, año en que Francia
recibió de España nuestra porción de la Isla. Según la crónica, los Pichardo se
habían dedicado a las actividades artísticas y culturales en Santiago de Cuba.
La gente, cuando pasa de un país a otro no sólo se lleva sus enceres materiales,
también los espirituales. Es una verdad de perogrullo. ¿Se llevaron esta gente
la célula rítmica del Son dominicano para Cuba? ¿O fue al revés? Ahora es
difícil saberlo, a menos que emprendamos la largamente postergada investigación
sobre éste y otros asuntos relacionados con el Son. Lo que sí es cierto es que
la línea de composición de Sones de esa época se mantiene fiel al patrón
mencionado, por lo menos hasta los años veinte. A partir de ahí, la historia es
otra. En 1925 graba sones el Sexteto Habanero por primera vez. Según extendidas
reseñas de prensa conocidas por mi, en el Cibao, sobretodo en Santiago, existían
ya grupos del mismo formato durante toda esa década y las posteriores. Solo que
desde entonces, es evidente que la influencia cubana es arrolladora. Los grupos
soneros cubanos no sólo lograron grabar y difundir su música, que era escuchada
perfectamente en la radio nacional si no que no tuvieron las trabas que tuvimos
nosotros para grabar y difundir nuestra música. La diferencia la marcó la era
del Jefe, que cersenó todas las posibilidades internas y externas de difundir el
Son dominicano. Con el desarrollo de los medios de comunicación la reproducción
de lo que dicta la tradición oral es eufemística. La gente reproduce lo que oye
en mayor y mejor cantidad. Los años treinta, cuarenta y cincuenta sellaron el
éxito de lo cubano en el campo del Son entre nosotros. Hoy por hoy la mayoría de
los que todavía hacemos Son en Santo Domingo, lo hacemos a partir de la
inigualable impronta cubana. Debo señalar varios asuntos aquí. El primero de los
cuales se refiere a la necesidad impostergable de estudiar detalladamente lo que
significó Trujillo para el avance o el estanque de la música popular dominicana,
no sólo del Son. Sabemos, por ejemplo, que el dictador aupó el merengue cibaeño
como bastión e hizo que se difundiera por todo nuestro territorio con una clara
función política seudo nacionalista. Desde entonces, por esa suerte de
tergiversación patriotera, el merengue es sinónimo de nación. Lo otro es que
ningún proceso social o cultural es homogéneo. Siempre hay resquicios por donde
se mueven otras corrientes. De alguna manera, el son de factura nacional ha
perdurado y recientemente, aunque con otro nombre ha resurgido entre nosotros
con inusitada fuerza. Ya no me refiero a ese proceso interesantísimo que ha sido
aquel de mantener y preservar el Son, su cultura y su baile, por grupos sociales
diversos, a pesar de la velada represión, lo que también ha sucedido, sino a las
composiciones de sones a partir del patrón bolero con jaleo. Sea conciente o por
pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no es más que son al estilo
de los de principio de siglo. Cualquier análisis comparativo entre esas
composiciones y las actuales permiten afirmarlo. Como ya he hablado mucho y hay
otros exponentes, debo concluir. Todo lo que he dicho aquí es más bien el
recuento de un sinnúmero de carencias. Más lo que nos falta que lo que tenemos.
Hoy no se puede afirmar que el Son es de origen dominicano. Tampoco lo
contrario. Por lo menos no hasta que se lleve a cabo una buena investigación al
respecto y se descarten o comprueben lo que hemos llamado dudas razonables. Y no
es que importe gran cosa ya. Alguien dijo que los resultados son los que
cuentan. Y lo cierto es que el Son hace tanto tiempo que gravita en el espectro
musical dominicano que se ha ganado su registro de nacionalidad. El Son es tan
dominicano como cualquiera de nosotros, sin que ello quiera decir que no lo sea
cubano, puertorriqueño, venezolano, colombiano o mexicano también. Similares
procesos históricos y culturales nos hacen uno, sobretodo en la música.
Finalmente debo señalar que esta isla es demasiado rica en elementos musicales y
rítmicos como para que todavía se nos quiera engañar con la falacia del ritmo
único.
Muchas gracias.
El son dominicano
según César Namnúm
Dagoberto Tejeda Ortíz
Para mi hermano, Gustavo Arias
Hace unos días fue celebrado un coloquio sobre el Son
en Intec, dentro de las actividades del Primer Encuentro Caribeño sobre el Son,
que organiza el amigo Raúl Pérez Peña dentro de su programa de televisión
"Nocturnal", en el cual participaron como ponentes César Namnúm, Tommy García y
Dagoberto Tejeda.
Dejemos para otra entrega mi ponencia y la de Tommy,
para hacer algunas reflexiones sobre la de César, porque considero que es una
provocación interesante para profundizar las investigaciones y las discusiones
sobre el Son como género musical, su origen, desarrollo, característica y
perspectivas, sobre todo en lo que se refiere a la definición de la música
popular dominicana.
DOMINICANIZACION DEL SON
En su ponencia, Namnúm plantea, entre otras cosas, lo
siguiente:
1.- "He dicho en diversas ocasiones que el son es
dominicano. Algunas veces con desparpajo y cierta arrogancia y otras muy
humildemente. En cualquiera de los casos, lo que realmente he pretendido es
acentuar la atención sobre una música y un baile que nos acompaña prácticamente
desde los mismos albores de lo dominicano. Entendido esto como el proceso
histórico que toma forma y cuerpo con las guerras de Independencia y
Restauración. Efectivamente, creo que hay pocas dudas entre los entendidos de
que el Son existe en Santo Domingo desde mediados del siglo pasado. Si me
pusieran a escoger fechas, y lugares, yo diría que el Son dominicano surgió
entre los años de 1870 y 90, alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto
Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa zona del país han surgido
la mayoría de nuestros ritmos populares".
2.- Para sustentar su afirmación de que el son es
dominicano, César comienza diciendo: Aunque "no se ha realizado aún según
rastreo ni investigación rigurosa sobre este género, existen ciertas reseñas
periodísticas del siglo pasado y del actual, dando cuenta de que en tal lugar se
bailaba y tocaba Son, ciertos comentarios en tal o en cual libro de donde uno
puede deducir esto y lo otro".
3.- Y dada la ausencia de mucha documentación, termina
diciendo: "En el caso el Son parece haberse derivado del bolero, o es una forma
nativa de tocar el bolero ya que al principio, y aún ahora en algunos lugares,
era llamado bolero rítmico o bolero con jaleo. Que sin embargo, el más simple de
los análisis armónico-rítmico permite determinar que aquello ya no es bolero
sino Son".
4.- Fundamentalmente, en base a todo esto, termina
diciendo: "De alguna manera, el Son de factura nacional ha perdurado y
recientemente, aunque con otro nombre ha resurgido entre nosotros con inusitada
fuerza. Ya no me refiero a ese proceso interesantísimo que ha sido aquel de
mantener y preservar el Son, su cultura y su baile, por grupos sociales
diversos, a pesar de la velada represión, lo que también ha sucedido, sino a las
composiciones de sones a partir del patrón bolero con jaleo. Sea conciente o por
pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no es más que son al estilo
de los de principio de siglo".
5.- Aunque César dice que "hoy no se puede afirmar que
el Son es de origen dominicano", hay intencionalidades subyacentes para
demostrar que no es cubano. Aunque no toca lo de las hermanas Ginés, Teodora y
Micaela, dice que el Son, "la tradición le endilga su invento a Miguel
Matamoros". Y como la "primera versión de esta variante, Lágrimas Negras" es de
los años treinta de este siglo", la cual se le atribuía a Matamoros, en realidad
ahora se ha descubierto" que quien la compuso fue una mulata capitaleña de
nombre Pura Reyes, cantante de tango", quien "sostuvo tórrido romance con
Miguel", lo que quiere decir, que mucho antes de los cubanos hacer Son ya lo
habían hecho los dominicanos y para colmo ni siquiera el primero era de ellos
sino de nosotros. Es más, "se conoce que ya en el siglo pasado habían varios
sanes, compuestos y tocados por la orquesta de Danda Lockward, el padre de ese
otro compositor muy conocido don Juan Lockward". Y cuando en 1925 graba Sones el
Sexteto Habanero por primera vez, "según extendidas reseñas de prensa conocidas
por mí -dice Namnúm-, en el Cibao, sobre todo en Santiago, existían ya grupos
del mismo formatos durante toda esa década y las posteriores", razón por lo
cual, uno saca en conclusión que el Son dominicano es primero que el cubano.
El Son cubano se difundió a nivel internacional más
que el dominicano, a pesar de que el nuestro fue primero, según la ponencia de
Namnúm por causa del sistema social imperante en nuestro país en esos tiempos,
ya que "la diferencia la marcó la era del Jefe, que cercenó todas las
posibilidades internas y externas de difundir el Son dominicano".
LOS SONES DEL SON
Ante todas estas afirmaciones de nuestro amigo César
Namnúm, vamos hacer algunos comentarios:
A.-
Ninguno de los
investigadores, especialistas, etnomusicólogos, nacionales o extranjeros, que
han estudiado la música popular dominicana, entre los cuales están Emilio
Rodríguez Demorizi, Enrique Marchena Dujarric, Julio Alberto Hernández, Luis
Alberti, Flérida de Nolasco, Francisco García, Bernarda Jorge, J. M. Coopersmith,
Martha Ellen Davis, etc., han tenido la tentación y ni siquiera han insinuado
que el Son sea dominicano.
El profesor Almanzar González Canahuate, en su
"Recopilación de la Música Popular Dominicana", donde hay una investigación muy
ponderada, asesorado reconocidos músicos dominicanos: Bienvenido Bustamante,
Papa Molina, Chiquitín Payamps, Ello Cabrera, sólo recoge sones de autores
dominicanos: "La Mulatona", de Piro Valerio y "Tirando y Escondiendo la Mano",
de Eloy Tejada. Esto nos dice a nosotros de manera objetiva, que el Son no fue
una expresión trascendente, masiva, nacional, ya que si lo fue, no es posible
que sea ignorado por especialistas ni que fuera de tan poco interés para los
investigadores sobre la popular dominicana.
B.- "El Son es, en la música cubana, un género o
especie de canto y baile donde concurren influencias que se toman,
fundamentalmente, de la sonoridad de la cuerda pulsada" (Argelieres León), donde
el centro es el tres, y donde participan, entre otros instrumentos básicos, el
bongó y la clave. Los géneros musicales tienen variantes. Lo que se conoce hoy
como Son corresponde al modelo cubano, a nivel instrumental, rítmico y
estructura vocal del solo y la respuesta. Hay modalidades, en Cuba está Changüí
y el Sucu Sucu, que en opinión de algunos ni siquiera son formas, sino los que
originaron el son.
Aquí puede que exista una modalidad, sin que por ello
implique que sea de aquí. Por ejemplo, en Puerto Rico o en Haití, hay merengues,
pero son modalidades con elementos comunes y diferencias con el merengue
dominicano. Compositores de esos países escriben merengues, pero ellos no dicen
que son merengues puertorriqueños. Son hechos allá, con temática de allá, pero
dentro del modelo del merengue definido como dominicano.
Por eso, una cosa es que compositores dominicanos
escriban sones, dentro del modelo cubano, y otra cosa es que se diga que son
dominicanos.
C.- La ponencia de Namnúm es interesante para el
levantamiento de hipótesis, desde el punto de vista científico, para realizar
una investigación, pero no para asumido como conclusiones, sobre todo cuando son
afirmaciones sin documentaciones. Las afirmaciones de que "el Son existe en
Santo Domingo desde mediados del siglo pasado", de que "surgió entre los años de
1870 y '90, alrededor de las ciudades de Montecristi y Puerto Plata", así como
el comentario de que existen ciertas reseñas periodísticas del siglo pasado, etc
no dice cuales son específicamente, no señala las fuentes, los autores, etc. lo
cual, de un dato objetivo, lo convierte en simple especulación.
D.- Hay varias afirmaciones erradas, tan por ejemplo,
eso de que el Son comienza de con Matamoros.
E.- De igual manera, afirma, pero no prueba en ningún
momento, que el son dominicano, diferente al cubano, se deriva del bolero o que
la "bachata fina" (?)"Sea Son al estilo de los de principios de siglo", al igual
que colocar a Trujillo como el responsable de la detención o casi desaparición
del Son dominicano. En ningún caso Namnúm aporta pruebas o aporta argumentos de
sustentación. Sólo son afirmaciones y especulaciones. Aquí pudo haber o hay
modalidades de Son, pero dentro del género cubano. El mismo César acaba de
componerle un hermoso Son a Chencha y Bonyé que es un ejemplo de esto. Igual,
una cosa es que existan compositores dominicanos que escriban Son y otra cosa es
la producción sonera como movimiento. De todas maneras, la ponencia de César
Namnúm, con las diferencias o no que puedan tener, es un documento y una
provocación para la discusión, la investigación y la profundización sobre el
Son. Ojala que él mismo acepte este desafío y siga trabajando en el Son.
(Ultima Hora, 1998)
Dago, digo lo que dije…
César Namnúm
Durante su reciente visita al país, el investigador
cubano Helio Orovio, nos ilustró sobre las fuentes del son cubano. El señor
Orovio, autor del muy ponderado "Diccionario de la música cubana", nos refiere
que el son cubano proviene de varias fuentes primordiales. A saber: el Sucu-Sucu
y el Changüí, en el oriente y la Rumba, el Güagüancó y el Bolero, en la Habana.
Deja claro que las influencias de estos tres últimos fueron definitorias para
darle el cuerpo final al Son cubano que conocemos hoy. Además nos da fechas.
Aprendemos entonces, que el son se impuso en la Habana durante los años veinte
de este siglo. Lo que es perfectamente coincidente con el inicio de las
grabaciones de sones en cuba, 1925-26, con el Sexteto Habanero. Hace algunos
años, cerca de diez, el etnomusicólogo dominicano y actual director del Archivo
Nacional de Música, Julio César Paulino Féliz, me hizo participe de un
descubrimiento hecho por él hacía ya algún tiempo: desde el siglo pasado hay
composiciones de sones en el país, que no corresponden en estructura ni forma de
tocarlos, a las orientales cubanas provenientes del Changüí o el Sucu-Sucu. En
realidad, agrego yo, entre nosotros no se conoció el Changüí- que le llegó a los
cubanos vía Haití, con evidente influencia de la contradanza francesa- ni el
Sucu-Sucu. Estoy seguro que para muchos de ustedes, es la primera vez que
escuchan estas palabras. En cuanto a la rumba y el güagüancó, muy populares en
la Habana, su aprecio entre nosotros es bien reciente y más bien nos llegó desde
Nueva York, vía el movimiento de la salsa de los setenta. A partir del bolero,
los cubanos dicen haber creado el bolero son. Padre de cuyo ritmo es considerado
Miguel Matamoros, a partir de una composición de 1930 de título "Lágrimas
negras". Antonio Mesa (El Jilguero de Quisqueya), dominicano de color negro,
grabó al principio de los veinte en Puerto Rico, temas de Luis -Danda- Lockward,
puertoplateño, padre de Juan Lockward, y de los santiagueros Inocencio –Chencho-
Pereyra, Bienvenido Troncoso y Piro Valerio, quienes eran de los principales
compositores de la época. Varias de estas composiciones eran conocidas entre
ellos, como bolero rítmico o con jaleo, una forma de tocar el bolero que acelera
la última parte, terminando a menudo en coros, como "La Mulatona" de Piro, "Mi
llegada a Macorix" de Troncoso, "Mercedita" de Danda y otros. En 1929, Eduardo
Brito llega a New York para una sesión de grabaciones en los estudios de la RCA-Victor.
El primer tema que graba es la Mulatona. Iba acompañado por Bienvenido Troncoso,
Chita Jiménez y Enrique García. De todos los temas grabados, 10 ó 12 eran de
esos que ellos llamaban boleros rítmicos o con jaleo. Danda, el más viejo, Piro,
Chencho y Troncoso habían nacido en el siglo pasado y eran compositores maduros
para los años veinte. Hoy se sabe -a partir del análisis musical de éstos- que
sus boleros rítmicos o con jaleo eran en realidad sones. Y es lo que Paulino
Féliz y yo llamamos el Son Dominicano, puesto que esta forma de tocar el son no
era conocida en ninguna otra parte. Es el origen de lo que luego se llamó
bolero-son y se expandió por el mundo entero, bajo la impronta de Los Matamoros.
Es, por lo tanto, un aporte de los dominicanos a la música popular de América.
Todo lo que he afirmado en los párrafos anteriores es perfectamente comprobable:
Las declaraciones de Orovio fueron reseñadas por el periodista Jorge Jiménez en
el periódico HOY. El etnomusicólogo Paulino Féliz existe y sus afirmaciones han
sido reseñadas por este periódico y otros medios de masas. El Sucu-Sucu, el
Changüí, la Rumba y el Güagüancó no son músicas comunes en Santo Domingo como
para provocar, digamos, la vertiente dominicana del son. De ser así, sería la
primera prueba conocida de que la teoría del desarrollo de las especies de
Darwing es aplicable a la música. Miguel Matamoros es considerado erróneamente
el padre del bolero-son. No sólo hay composiciones de dominicanos con este ritmo
anteriores a Lágrimas Negras, sino que ni siquiera ese tema es de su autoría.
Lágrimas Negra es un tema dominicano compuesto por Pura Reyes, capitaleña,
escrito en despecho al abandono de que había sido objeto por Miguel al marcharse
a Cuba, luego de su visita en 1930. El mismo tema, claramente armado desde una
perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo le agregó el jaleo. Antonio
Mesa y Eduardo Brito fueron dos de nuestros grandes cantantes. Existe profusa
información sobre sus vidas y quedaron en acetato algunas de sus grabaciones:
Mesa con el Trío Borinquen, Brito con mucha gente. Paulino y yo conocemos esas
grabaciones, al igual que otras personas. Danda, Piro, Chencho y Bienvenido,
junto con Juan Lockward, y algunos otros contemporáneos y bohemios, son de los
mejores compositores de sus épocas, merecedores de mejor suerte en lo que a
difusión respecta. De cualquier manera, sus obras han quedado, sea grabadas, sea
en la tradición popular. Toda esta información va, sobretodo, para mi buen amigo
Dagoberto, que ha tenido problemas para ubicar datos sobre el son dominicano y
que, por lo tanto, pone en dudas que exista: (el Son Dominicano según César
Namnúm, Ultima Hora). Dago dice que el son dominicano no es más que una variante
del son cubano. Bueno, para que ello sea cierto, tiene que probar de cuál de las
fuentes del son cubano proviene: si del sucu-sucu, si del changüí, si de la
rumba o el güagüancó. Y cuándo y por dónde entraron estas músicas al país. Entre
otras cosas un poco más complicadas, como el análisis armónico de esos ritmos y
la música que se compone aquí. Habrá que demostrar que los boleros-sones cubanos
son anteriores a los dominicanos y sobre todo, borrar con tinta china las obras
de los autores dominicanos mencionados. Porque mientras haya aún sea un sólo
bolero rítmico o con jaleo, es la evidente muestra de un género que está ahí
aunque hayamos sido incapaces de desentrañar sus raíces. Ahora bien, si lo que
mi amigo Dago quiere demostrar es que el Son que se oye y se baila en los
centros especializados del país, es fundamentalmente el grabado y compuesto por
cubanos, tiene toda la razón. Pero es todo lo que prueba. Queda por ver qué lo
determinó y cuándo. Queda por averiguar qué pasó con nuestros compositores y
músicos de son. ¿Se quedaron en la gatera? ¿Por qué no grabaron ni difundieron
su música? ¿Qué se lo impidió? Si lo que él quiere demostrar es que el son que
se impuso en el mundo entero fue el cubano, porque fueron ellos quienes mejor lo
trabajaron, tiene toda la razón nueva vez. Cuba es una gran nación que le ha
dado el valor a sus cosas que nosotros no le hemos dado.
Especial
para Areíto, HOY, 1998
El Son y el
bolero-son de César Namnúm
DAGOBERTO TEJEDA ORTIZ
A nuestras
reflexiones sobre una ponencia del "El Son Dominicano" de César Namnúm, éste ha
respondido en el suplemento Areíto del periódico Hoy del domingo 19 del
presente, con un articulo titulado "Dago, Digo lo que Dije".
En este trabajo, Namnúm insiste en afirmar dos aspectos básicos:
a).- Que "desde el siglo pasado hay composiciones de sones en el país
que no se corresponden en estructuras ni forma de tocarlos con los orientales
cubanos".
b).- Que entre los compositores más importantes del Cibao, algunos al
final del siglo pasado y a principios del presente, compositores como Luis –Danda-
Lockward, Inocencio -Chencho- Pereyra, Bienvenido Troncoso y Piro Valerio,
entre otros, tenían composiciones que "eran conocidos entre ellos como bolero
rítmico o con jaleo, una forma que acelera la última parte, terminando a menudo
en coros, como "La Mulatona", de Piro; "Mi Llegada a Macorís", de Troncoso;
"Mercedita" de Danda y otros".
Sigue diciendo Namnúm que "hoy se sabe -a partir de análisis musicales
de estos- que sus boleros rítmicos o con jaleo era en realidad sones. Y es lo
que Paulino Félix y yo llamamos el Son dominicano, puesto que esta forma de
tocar el Son no era conocida en ninguna otra parte. Es el origen de lo que luego
se llamó bolero-son, que se expandió por el mundo entero por la impronta de los
Matamoros. Es por lo tanto, un aporte de los dominicanos a la música popular de
América".
c).- Para demostrar que el Son es dominicano, César tiene que probar que
el bolero son nuestro es primero que el cubano. Por eso afirma que "Miguel
Matamoros es considerado erróneamente el padre del bolero-son. No sólo hay
composiciones de dominicanos en este ritmo anteriores a Lágrimas Negras, sino
que Lágrimas Negras es un tema dominicano compuesto por Pura Reyes, capitaleña,
escrito en despecho por el abandono de que había sido objeto por Miguel
Matamoros al marcharse a Cuba, luego de su visita de 1930. El mismo tema,
claramente armado desde una perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo
le agregó el jaleo".
d).- Y para que no exista duda de la diferencia del "Son Cubano" y el
"Son Dominicano" una conversación, según él, con Helio Orovio, donde este le
dice "que el son cubano proviene de varias fuentes primordiales, a saber: El
Sucu-sucu, y el changüí, en el Oriente y la rumba, el guaguancó y el bolero, en
La Habana". Agregando: "Es claro que las influencias de estos tres últimos fue
definitoria para darle el cuerpo final al son cubano que conocemos hoy".
En su trabajo, Namnúm insiste en decir que yo afirmo "que el Son
dominicano no es más que una variante del Son cubano". Por eso, termina
diciendo:
a).- Que yo tengo
"que probar de cuál de las fuentes del Son cubano proviene. Si del Sucu-Sucu, si
del Changüí, si de la Rumba o el Guaguancó".
b).- Que yo debo demostrar que "los boleros-sones cubanos son anteriores
a los dominicanos".
c).- Y que toda esta tarea de investigación e interpretación era un
trabajo apropiado del Instituto Dominicano de Folklore, que yo dirijo, que de
él.
LOS SONES DEL SON
Lo primero es que César, al igual que en su ponencia, juega a la
especulación y margina la dimensión científica del análisis y la exposición,
primero porque reproduce y afianza sus afirmaciones en conversaciones privadas
que ni siquiera coloca entre comillas, para que se pueda diferenciar el
contenido de él y de sus entrevistados, lo cual hace imposible que se puedan
comentar críticamente las mismas por las faltas de fronteras en ellas y él. Por
ejemplo, en su conversación con Helio Oravio, al éste referirse a las fuentes
del Son cubano, pone en las mismas al bolero. Que me perdone Namnúm, pero
tengo dudas que Helio afirmara esto. Creo que hay un error, porque en el caso
cubano no creo que exista relación alguna. En segundo lugar, en lo que los
etnomusicólogos han definido como género Son, en Cuba por ejemplo, estos son dos
cosas diferentes, donde en la formación del Son, el bolero no jugó ningún papel
estelar. La relación vino después, cuando el Son tenía su carnet de identidad e
incluso, la presencia del bolero en el Son trajo por consecuencia lo que José
Loyola Fernández denomina como" el bolero soneado y el bolero-son", cuyo
análisis no es objeto de este trabajo. En tercer lugar, si César Namnúm llama
Son, y dice que también nuestro amigo Julio César Paulino, al ''bolero-son'' de
Danda, Chencho, Piro, etc., esto es otra discusión, pero este no se corresponde
musical, instrumental, rítmicamente al modelo del Son cubano, género por el cual
se han hecho todos los "Sones dominicanos" recientes, como el caso del homenaje
a Chencha y Bonyé del propio Namnúm. En cuanto lugar, César no respondió a las
interrogaciones básicas de nuestro trabajo. Por ejemplo, él afirmaba que "el
Son dominicano surgió entre los años 1870 Y 1890, alrededor de las ciudades de
Montecristi y Puerto Plata. Lo que no debe resultar extraño, porque en esa
zona del país han surgido la mayoría de nuestros ritmos populares". Sigo
pensando que hay una equivocación, ya que en Santiago había más tradición
musical y mayor fuente de síntesis de españolización y criollización, y además,
no sé de dÓnde saca César que de "esa zona del país han surgido la mayoría de
nuestros ritmos populares", porque realmente no sé a cuáles él se refiere,
porque no los menciona ni yo sé cuáles son. Asimismo, en su ponencia él afirma
que "sea consciente o por pura chepa, lo que hoy se conoce como bachata fina, no
es más que Son al estilo de principios de siglo". El no la define, pero no sé
exactamente cuál es la "bachata fina". Me da miedo esta afirmación, porque
siento un aire de discriminación musical, entre lo "culto y lo popular". Espero
equivocarme, porque César no piensa así. Por eso es mi extrañeza. En el trabajo
que estamos comentando, como en su ponencia, César insiste en afirmar que,
"Lágrimas Negras es un tema dominicano, compuesto por Pura Reyes, capitaleña,
escrito con despecho por el abandono de que había sido objeto por Miguel
Matamoros al marcharse a Cuba, luego de su visita de 1930, el mismo tema,
claramente desde una perspectiva femenina, lo demuestra. Matamoros sólo le
agregó el jaleo. César hace esta afirmación, pero no tiene ninguna sustentación
documental ni testimonial. En ambos trabajos sólo lo proclama. Me parece extraño
que Miguel negara esto siendo verdad, ya que en una entrevista muy famosa que le
hiciera Alberto Muclercia (Publicada en la Revista "En la Expresión de los
Pueblos", mayo-diciembre 1975) expresó enfáticamente: "Lágrimas Negras" "es un
bolero-son, pero no lo compuse por un asunto mío, no señor, sino por una vecina
que siempre llegaba a la casa lamentándose de que el marido, sin razón, la había
abandonado, por eso, la poesía dice: Aunque tú/ me has dejado en el abandono/
aunque tú/ has muerto todas mis ilusiones/ en vez de maldecirte con justo encono
/ en mis sueños te colmo / en mis sueños te colmo / de bendiciones". De sus
declaraciones se saca en conclusión, además, de que cuando él vino a Santo
Domingo en el 1930, ya estaba compuesta "Lágrimas Negras". Namnúm plantea en la
conclusión de su trabajo, que el trabajo de investigación, interpretación y
definición sobre el Son en dominicana, debe asumirlo el Instituto Dominicano de
Folklore. El tiene ahí parte de razón. En la programación del 98, sin haber
conversado nunca sobre esto con el Bacho, hay elaborado un proyecto para la
realización del "I Encuentro Caribeño Sobre el Son", que estaba previsto para
después de las elecciones. Ya que el Bacho tomó la iniciativa de hacerlo,
nosotros decidimos apoyarlo. Por eso, Tommy García y yo, participamos en el
Conversatorio Sobre el Son en Intec y por eso, estamos publicando un Manual
sobre el Tres de auditoría de Tommy García que es miembro de INDEFOLK, al igual
que Namnúm.
Volveremos sobre el
tema.
ULTIMA HORA,
DOMINGO 10 DE MAYO DE 1998
CARTA PARA UN FINAL
César Namnúm
Estimado Dagoberto: Leí tu artículo en el Última Hora
del domingo pasado, donde nueva vez pones mi nombre en grandes caracteres- no
sabes cuán vano me siento - para responder el mío de este periódico. Ahora,
obligado a la réplica, aún sea por pura cortesía, me parece que estamos abusando
un poco de la generosidad de la gente, la mayoría de las cuales, cuando de Son
se trata, prefieren bailarlo y no teorizarlo. Te propongo que dejemos las cosas
donde están, por lo menos a nivel de prensa, y nos aboquemos a realizar la tan
necesaria investigación sobre el Son en Santo Domingo (fíjate que no dije el Son
Dominicano, estoy conciliador en estos días), y arrojar los resultados en uno o
varios libros, acompañados de sus respectivos discos, como es el estilo en esos
casos. Sobre todo, como tú bien lo dices, porque estamos en el mismo bando, y
somos miembros del Instituto del Folklore, quien debe comandar, sin dudas, la
investigación. Dispuesto estoy a ser parte de los muchos trabajos que se
derivarían de una investigación como la sugerida, sin preocuparme gran cosa por
quién la dirige o sustenta, siempre y cuando se lleve a cabo. Igualmente me
integraré a los trabajos organizativos del Festival que tienes en mente armar,
me consta, desde antes que el de Bacho. Tanto aquel como este no son más que
calentamientos, ejercicios de embocadura, para el objetivo final: Armar La
Teoría del Son en Santo Domingo. Para lo mismo vale esta réplica, mis artículos
anteriores y los tuyos. Estamos afinando la puntería.
Yo no conozco a Helio Orovio, Dago. Nunca lo he visto
en mi vida, sólo en fotos. Recorté del periódico HOY la reseña que redactara
Jorge Jiménez de sus declaraciones, en la Rueda de Prensa de Casa de Teatro,
durante el FestiSon del Bacho. Te cito…"EI musicólogo recordó que al llegar a la
Habana en los años de 1920 y más bien un poco antes, se convirtió en otra cosa,
pues nació el Son habanero con el Sexteto Habanero. Y ya el son se enriquece en
gran medida, con otros instrumentos…" Helio Orovio recordó también que las
claves no se tocaban en el son originario de Oriente. "Estas claves se
incorporaron en La Habana por los años veinte y nace el Son Habanero, permeado
por el Guaguancó y el Bolero…Ya es un Son, no un simple Cuarteto o un Montuno
como era en Oriente, sino ya tiene un tema más largo, una cosa narrativa, y
desde el punto de vista armónico y melódico se enriquece mucho". Dice más Orovio,
pero no quiero cansarte con estas citas, te invito a buscar el artículo para que
lo leas entero. Hay afirmaciones que llaman mucho la atención. Por ejemplo, en
algún momento habla de la influencia de Santo Domingo en el Son, solo que ese
Santo Domingo al que él se refiere es Haití…"Es decir, de los haitianos, que
fueron llevados desde fines del siglo XVIII y principios del XIX para Cuba y
llevaron para allá La Tumba y El Congo Y todos esos Bailes de aquí…" Yo te
pregunto ¿No te parece extraño que cuando los cubanos hablan de influencias de
Santo Domingo en su música, sólo se refiere a las migraciones haitianas? La
Tumba, El Congo, La Contradanza y otras músicas que los cubanos admiten como
influencias en sus ritmos populares, eran divisas comunes en Santo Domingo (toda
la isla) en los años a los que ellos se refieren. ¿Sólo les llegó de un lado y
no del otro? Y ¿Qué de la oleada de nativos de éste lado que cogieron para allá
durante esos años? Creo que tú compartes conmigo la idea de que es a nosotros a
quienes nos corresponde darle respuestas a esas interrogantes. Angela Peña, en
su columna "La Media Naranja", y su articulo "El idilio de los Matamoros con una
Dominicana", del 27 de junio del año pasado, dice lo siguiente: "Lágrimas
Negras, la preciosa canción de los Matamoros que recorre el mundo y que cada vez
más se canta y se graba, fue escrita por una bella dominicana que, según
versiones, tuvo un romance con Miguel, uno de los integrantes, surgido en 1930
cuando el trío estuvo de visitas por el país. Se llamaba Pura Reyes. "Era una
dama alta elegante, india, de ojos verdes y cabellos negros, muy amante del arte
y que fue famosa en esos años por un tango que siempre cantaba en El Capitolio…
Hace mucho, dijeron los habaneros, un periodista dominicano publicó lo del
idilio, confesado por el propio Miguel, ya anciano, pero no aportaba el nombre…
Su identificación fue ofrecida por el Dr. Fernando Morbán Laucer, al comentarle
la noticia, quien confirmó también, que ella es la autora de los primeros versos
de Lagrimas Negras. Sólo el estribillo, según él, es obra de los Matamoros…"
Sírvase usted. Paul Austerlitz, Profesor Asistente de Etnomusicología en la
Universidad de Miami, editó el año pasado un libro sobre el Merengue Dominicano,
producto de una investigación de varios años. Dicha investigación fue
auspiciada, pagada y editada por la Temple University de Filadelfia. El libro
viene acompañado de un disco compacto y fue impreso en Inglés. Se que ese idioma
no te es extraño, de manera que te pido que leas en las paginas 112 y 114 lo
dicho sobre las bachatas de Juan Luís y la influencia del Son en ellas (él les
llama Son-Bachata). Un personaje de su autoridad justifica lo que otros músicos
dominicanos hemos dicho: la Bachata de Juan Luis, Vitico, Manuel y otros (fíjate
que no incluyo a Luís Díaz, que no es el mismo caso), no es tal sino Son. Para
mi, que las he comparado, estas composiciones se asemejan bastante a las
compuestas a principio de siglo por Bienvenido Troncoso, Chencho Pereyra y Piro
Valerio. O sea, una suerte de vuelta al archi mencionado Bolero Rítmico. Si
quieres alguna vez te desgloso esta hipótesis y te hablo de sus vías conectoras.
Finalmente querido amigo, yo, que me reconozco mucho menos informado que tu en
la materia, cometo el sacrilegio de afirmar que los principales ritmos populares
del país provienen del Cibao. A menos que el cuento sea otro y que yo no haya
estado ahí cuando lo contaron, La Criolla, El Bolero (de Santo Domingo) la
Bachata, El Merengue y El Son (de Santo Domingo) son de origen cibaeño. Usted
dirá. Con esta me despido, no tengo aficción por las disputas de periódicos y
mucho menos tu bagage y acopio de datos, en algún momento meteré la pata, sino
lo he hecho ya. Eso si, cuenta conmigo para los trabajos que vienen por ahí y
los posteriores.
Te reitero mi profunda amistad y admiración.
Especial
para AREITO, HOY, 1998



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compasillo@codetel.net.do
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César Namnúm
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CON SILVANO
(Diario del viaje, “Siguiendo
la ruta de José Martí y Máximo Gómez, 100 años después”)
Por César Namnúm
Las cuatro páginas, manuscritas, del relato de los dos días
anteriores están perdidas. Este fue un viaje que hicimos
varios artistas dominicanos - cuatro miembros del Grupo
Maniel: Bernardo Ayala, en el Cuatro; Milcíades Guerrero, en
la voz; Julito Fernández Barceló, en los cueros; y yo en los
vientos -, comandados por el pintor y activista cultural,
Silvano Lora (ya fenecido). Saliendo desde el puerto de
Manzanillo (al norte de la isla, costa atlántica), en la
Semana Santa del 1995, en un increíblemente pequeño
“barquito de papel”. Repetíamos la ruta que navegaron el
libertador cubano José Martí y su lugarteniente dominicano,
el general Máximo Gómez, cien años antes. No quiero narrar,
desde el hoy, lo que recuerdo de esa otra parte del viaje.
Los recuerdos son siempre muy selectivos y, al releer estas
notas me doy certera cuenta de que son también
medalaganarios. Por demás, creo que lo que queda es bien
explicito y no se perderán gran cosa. Mencionaré sólo la
parte que compartimos con Chiqui Vicioso (escritora
dominicana), que nos llevó a Cabo Haitiano, donde se nos
unió un compañero haitiano, y fuimos recibidos por una
comitiva oficial que nos enseñó buena parte de la
impresionante ciudad. Fuimos, además, objeto de una
ceremonia de bienvenida, como lo fueron en su tiempo Martí y
Gómez, en los salones del ayuntamiento. Me queda, muy
presente, la vista a la distancia de la imponente Citadelle…
11 de Abril de 1995 (Martes)
6:40 AM
Ya amaneció. La cosa no fue tan fea anoche,
pero sí la más áspera de todas las jornadas. Yo dormí la
mayor parte del tiempo. Tenemos a Cuba al costado derecho.
Nos tomará una hora y algo llegar a Cabo Babo, punto de
nuestro desembarco. El mismo lugar donde lo hicieron José
Martí y Máximo Gómez hace cien años. Ayer, Silvano y El
Cura, leyeron algunos pasajes del Diario de Viaje de Martí y
Gómez. A todo esto, lo que realmente me ha gustado es haber
recobrado mi espíritu aventurero. Ha pasado de todo:
mareados, enfermos de vómitos, pero no muchos. El que más
feo estuvo fue el Haitiano, anoche.
8:15 AM
Llegamos a Cabo Babo (al sur,
en el extremo oriente cubano) y hemos encontrado una
impresionante multitud y varias embarcaciones, como si nos
esperaran. En realidad, vienen al acto del Centenario. Aquí
llegaron esos dos gigantes, con varios otros dominicanos y
cubanos. Martí murió en acción un poco después. Es bello el
lugar. No es propiamente un puerto si no una playa, debimos
trasbordar a pequeños botes para llegar a tierra. Todo esto
es muy impresionante.
9:05 AM
Estamos desembarcando. Bello
10:15 AM
Fue un recibimiento apoteósico. Se diluye
ahora toda la anterior improvisación de Silvano. Nos han
tratado muy bien. Nos hemos reunido con una expedición
científica que ha hecho la misma ruta. Sigo luego, ahora
iremos a Baracoa. El lugar se llama Cajobabo, hago la
corrección. Estamos echando unos párrafos con lugareños,
incluyendo algunos músicos.
2:40 PM
La ruta de Cajobabo a Baracoa, es de sur a
norte, cruzando por lomas. La hacemos en autobús. Recuerda
cualquier ruta de montaña nuestra (excepto la calidad de las
carreteras, aquí son mejores). Incluyendo los paisajes y
hasta las casas de los campesinos (de güano y madera). El de
esta mañana fue un acto de conmemoración de la efemérides:
Los Cien años de la gesta. Estaba Robaina, el joven ministro
de exteriores cubano. Había no menos de dos mil personas,
muy bien organizadas, muchos estudiantes en sus uniformes.
No fue distinto a ningún otro acto oficial (discursos,
consignas y hasta una joven declamando un poema; un coro de
niños) excepto por la actitud de la gente: La respuesta a un
largo discurso fue respetuosa y atenta.
La atención a nosotros ha sido muy buena. Se ha creado
cierta expectación con los “soneros dominicanos”, lo que no
deja de asustarme. Vinimos solo cuatro del grupo, ya lo
dije. Hace buen rato que llegamos al hotel. Por fin, cama
limpia y baño donde dormir y bañarse con agua corriente.
Pero como nada es perfecto, todo el equipaje se quedó en el
barco, que hace la ruta por mar y se va a tomar buen rato en
llegar. Lo preocupante es que hay una presentación nuestra
estipulada para la noche. Ya hablamos de conseguir un
bajista local que nos acompañe. Algo haremos.
Hace un rato llamé a Claudia a la casa y no había llegado
del trabajo. Qué puntería. Quería saber de ella y los niños,
me han hecho mucha falta. Le dejé el mensaje de dónde estaba
y de que había llegado bien. Quizás llame luego, no es fácil
desde aquí.
Sólo he visto el pueblo desde la guagua, no parece gran
cosa. Las casas muy maltratadas. Por Baracoa entraron los
españoles, fue la primera villa que construyeron en esta
isla. El hotel donde estamos era una antigua Fortaleza
localizada en los altos, como era costumbre. Desde aquí se
divisan todo el pueblo y las dos bahías, hermosas ambas. Hay
un “Morro”, como el de Montecristi, de donde salimos, pero
éste está en pleno mar.
12 de abril
1:05 AM (Miércoles)
Acabamos de llegar de haber asistido al Museo
Arqueológico Taíno de esta ciudad, donde no pudimos tocar
porque el barco no llegó a tiempo con nuestros ajuares e
instrumentos (recién terminada la actividad, fuimos a buscar
nuestros equipajes, todos incómodos y molestos por la misma
ropa de tantos días). El acto fue interesante, con una buena
muestra de la música de estos lados donde - claro- no faltó
el son. Julito y yo nos integramos a tocar cualquier cosa,
incapaces de aguantar, sobretodo la rumba y el güagüancó.
Julito, además, bailó muchísimo y los otros no tuvimos más
remedio que tirarnos al ruedo también.
La ciudad es menos abyecta de lo que pensaba (miramos según
nuestro estado de ánimo). Mañana iré, cámara en manos, a
reconocerla desde abajo. Algunos de los tigueres bajaron en
la tarde y Milcíades, de entrada, encontró con quién y dónde
darse un par de potes de un pitrinche rarísimo que se bebe
poraquí. Regresó varias horas después de haberlo hecho los
demás. Jugamos un poco de dominó y ping-pong, luego fuimos a
la actividad de la noche de la que hablé arriba. Pienso que
con ella, todos recobramos un poco de ánimo y de gusto por
éste viaje. En mi caso, haberme “recobrado” a la aventura,
ya es motivo de alegría. Con todo, las 20 horas en barco
para el retorno es un elemento preocupante. No sólo para mí,
hemos estado chequeando la posibilidad de tomar un vuelo de
vuelta. No es tan descabellado, mañana llega un charter aquí
a Baracoa, que retorna el sábado a Santo Domingo. También
hay vuelo el domingo, desde Santiago, a donde iremos el
viernes. Pero bueno, eso es el domingo…ya veremos.
He extrañado mucho a Claudia, también a Paúl y a Carla.
Estuve tentado a llamar ahora cuando llegamos pero los dos
minutos que hablé ayer me costaron 7 dólares y medio.
Demasiado dinero. De cualquier manera, llamaré más adelante.
Todos hemos estado quejándonos de la pobre organización (a
Silvano no hay quién lo vea). Esta gente pretende que
paguemos 10 dólares por comidas (sólo nos dan desayunos y
cenas). No parece aplicable (Julito trajo 20 US y Milcíades
ni un centavo). 10 dólares son como cuatrocientos pesos
cubanos. ¡Compadre! Con eso se come diez días, más de lo que
estaremos aquí. Ya ubicamos (ubicaron Julito y Milcíades) una
señora que nos cocinará en el pueblo. Lo peor es que quieren
obligarnos a tomar unos malditos tours (con almuerzos
incluidos, claro) que a nadie les interesan. He decidido que
no iremos a ninguno, con el argumento, no del todo falso, de
que debemos reunirnos a ensayar con unos músicos cubanos
mañana (hoy, escribo tarde de la madrugada). Nos hace falta
tocar. Por suerte, esta noche tocaremos aquí en el hotel.
Ahora voy a leer. Buenas noches.
…Releyendo, me doy cuenta de que no he dicho nada sobre mi
sombrero perdido en el barco: Los vientos o alguien que se
lo adueñó. Me ha molestado mucho el asunto. Veré si consigo
alguno bueno aquí.
He tenido que esconder estas notas porque todos quieren
leerlas. O que les haga fotos a medio mundo. Ya no me quedan
muchos tiros. Voy por el tercer y último rollo de
diapositivas. Tendré que comprar más. Ojalá encuentre. Luego
escribiré sobre un percance que pasaron los del barco entre
Cajoboba y Baracoa.
7:15 PM
Hoy ha sido un largo día. Salimos al clásico
City Tour temprano. Ví algunos lugares de interés. Nada
especial para mí, que me he pasado casi media vida
enseñándoles lugares históricos y turísticos a otros. Hice
algunas fotos. En la tarde armamos un ensayo con músicos de
aquí que han resultado ser muy buenos. Esta noche (casi ya)
será nuestra primera presentación.
De nuevo tuve percances con Milcíades, a quien se unió
Julito. Se separaron temprano del grupo, durante el City
Tour, y no regresaron (ya borrachos) si no hasta varias
horas después de empezado el ensayo. Les eché un boche del
largo del peo, parece que olvidaron a qué fue que vinimos.
No quiero ni pensar en el disparate de voz que tendrá Miciá
para lo de la noche. Tan pronto terminó el ensayo, tomaron
la de villa diego nueva vez. ¿Qué se traerán estos dos? He
hecho grupo con Bernardo y Santiago (su amigo que lo
acompaña en éste viaje y que es buenísima persona. A pesar
de sus ronquidos como rugido de León cuando duerme. Óigame,
es realmente exagerado). Tenemos planes de irnos a Santiago
por nuestra cuenta, mañana. Si no es que los otros planes
nos lo impidan.
Estoy francamente harto de Baracoa. No hay nada para hacer.
Pero bueno, vine a cumplir una labor, así que me aguanto.
Echo mucho de menos la casa. A los niños. A Claudia. Sería
distinto con ella. Tiene esa virtud de encontrar las cosas
buenas donde yo no las veo. Hoy intenté llamar de nuevo y me
fue imposible la comunicación. Es difícil desde aquí.
Dejo para luego describir mis impresiones sobre los cubanos
que hemos conocido. Sus posibilidades y carencias. Lo haré
en el barco, al regreso.
14 de abril (viernes)
Ayer…
15 de abril
1:43 am (Madrugada del sábado)
Hace casi dos días que no escribo nada.
Pienso ahora que el grueso de estas notas las terminaré al
retorno a Santo Domingo, en el barco. De cualquier manera,
trataré de resumir.
Ayer jueves, hice poca cosa. Me quedé, prácticamente solo,
en el hotel, mientras el resto de los mortales salió a
distintas partes. Habíamos hecho planes de irnos a Santiago
pero no fue posible. En parte, porque nos levantamos tarde;
en parte, porque el horario de la guagua no nos permitía ir
(salía a la 1PM para llegar a las 5). Tenía poco claro si
nos correspondía tocar en Guantánamo (cosa que no pasó) que
es una ciudad en la ruta de Baracoa a Santiago. Si hubiera
sido así, me hubiera obligado a retornar a Guantánamo, desde
Santiago, como a media mañana. No valía la pena.
La noche del miércoles, nuestra presentación fue un
escándalo. Logramos armar buen grupo, con los músicos
locales, y la gente realmente gozó. Lo que no es tan difícil
en Cuba.
Hace a penas unas horas que tocamos aquí en Santiago, donde
finalmente estamos, y no nos fue mal. Aunque tocamos poco
porque estábamos muy cansados. Con nuestro cansancio hemos
pagado los ya irremediables errores organizativos de esta
gente. ¡Compadre! No me acuesto, ni me acostaré, porque la
salida de retorno a Baracoa (donde nos espera el barquito)
es a las 3 de la mañana. De allá para acá salimos a las
siete de la mañana, casi sin dormir nada. Anoche había otro
grupo tocando en el hotel de Baracoa y nos quedamos con
ellos dándoles una mano.
Santiago es otra cosa. Lástima que no pude hacer buenas
fotos. El tiempo libre en este viaje (en los lugares de
mayor interés) ha sido prácticamente inexistente. No he
comprado nada, a no ser discos y cigarros. Me queda algún
dinero, con lo que pienso comprarle algo a Carla y a Paúl
(un poco difícil, porque no he visto artículos para niños) y
para Claudia. Hoy hubiera podido pero me pasé media tarde
ensayando y ya no pude ir a las tiendas. Veamos qué me
permite el poco tiempo que nos queda. Ahora se me acaba la
tinta y no puedo seguir escribiendo.
1:40 PM
Estamos en el barco hace tres horas. La mar
tranquila y hermosa. Si todo sigue igual, estaremos en
Puerto Plata en 20, 25 o treinta horas. Casi nada. Sin
embargo, a la hora de la verdad, hasta nos ha agradado
volver al barco: nuestra casa. Salimos de Santiago a las
cuatro menos cuarto de la madrugada y llegamos a Baracoa un
poco después de las nueve (¿o fue antes?). Allí nos esperaba
medio pueblo (en el puerto) para despedirnos. También las
autoridades de migración. El proceso de cabotaje, despedida
y chequeo, nos tomó hasta las diez y veinticinco. Cuando,
finalmente, partimos. En todos los puntos que daba al mar,
en tierra, nos despedían personas. Muy emotivo. Varios
dejaron corazones rotos, pero nadie fue ni más prolífero ni
más popular que Julito: Acabó.
Anoche en Santiago (a pesar de nuestro cansancio: o a
propósito ¿quién sabe?) nos quedamos conversando con varios
de los músicos del hotel (algunos actuales miembros del
famoso Son 14) en el área de la piscina; descargando y
oyéndoles a ellos cantar e inventar cosas. Me parecieron
mejores como grupo informal que cuando tocan formalmente
(pertenecían a dos grupos: Son Oriental y Son de la Loma,
los comentarios los hago sobre Son de la Loma) Muchachos muy
jóvenes, con buena preparación musical y un relajo y
jocosidad ingeniosas que habla muy bien de ellos. Recuerdo
que mientras pasaba todo eso, entre dormido y despierto,
pensaba en lo bien que se sentiría Claudia en ese ambiente.
Pero no en otros. De todas formas, Claudia bien pudo hacer
este viaje. La realidad ya la conocemos.
Había obviado, muy a propósito, toda opinión de juicio sobre
cuba y la situación que he visto. Le había comentado a
Claudia y amigos, que no había hecho esfuerzos anteriores
para venir porque tenía miedo de decepcionarme. Quise
esperar ver Santiago para luego cotejar.
Entre Baracoa, Guantánamo y Santiago hay marcadas
diferencias. Las esperadas, por demás, y algunas otras.
Baracoa es un pueblo pequeño con muy poco crecimiento
industrial. Es una región agrícola del café y el cacao. Hay
pobreza, la noté. Quiero decir, gente mendigando y durmiendo
fuera de un techo (o en techos ajenos). No muchas, como una
muestra “miren, también tenemos pobres”. La gente común
parece estar mal (los muchachos dejaron casi toda sus ropas
y otros enseres. También yo). Más me preocupó ver cómo
también coexisten esa sub-especie humana, amorfa, que crea
la “industria turística”: lúmpenes, vividores, prostitutas,
mendigos…y ello, no niego, me molestó mucho. Por otro lado,
encontramos gente muy cálida y esplendorosa, increíblemente
parecidos a nosotros (siempre se ha dicho eso de la gente
del oriente cubano. Bueno, es cierto). El hambre no es
intolerable, la gente, obviamente, se la busca (en el mejor
sentido dominicano) de alguna manera que nosotros no
logramos desentrañar. Lo que es muy entendible: duramos muy
poco tiempo para “saber”. Sin embargo (oh contradicción) la
gente se ve saludable y hasta “colorá”. Hay miseria pero
compartida. Suena a cliché pero no lo es. No noté
ostentación de riqueza. Por lo menos, no en Baracoa.
Los canales de televisión duran 6 horas en el aire, en
horarios disímiles. Baracoa está detenida en el tiempo (mi
referencia era uno de los personajes de Carpentier en La
Consagración de la Primavera). Muy lejos de lo “civilizado”
(consumo). Y me pregunto si no ha resultado mejor: Tampoco
se evidencian los males de otras sociedades “civilizadas”.
Sigo luego…
4:50
Ya Cuba no es más que un rastro difícil en el
horizonte. Haití debe de estar por algún lado hacía el sur,
pero he sentido pereza para levantarme. Estamos cruzando el
Canal de los Vientos. Menos áspero que a la venida. No
hacemos la misma ruta al retorno, pasaremos bien al norte de
La Tortuga y Haití. Puerto Plata es nuestro destino de
desembarco. Me pregunto cuán difícil será conseguir vehículo
para llegar a Santo Domingo en un día como mañana (Domingo:
final de semana santa) que todo el mundo está de regreso. Ya
veremos.
Santiago de Cuba es otra cosa, ya lo dije. No vimos casi
nada de Guantánamo pero en la ruta noté muchos y bien
cuidados cultivos. En cambio, no vimos tanta caña. La flora
es muy similar a la nuestra.
Santiago tiene aire de ciudad. Hasta el comercio es visible.
Estuvimos en un hotel de tercera que se podía pasar. Mucha
gente, mucho tráfico (cosa casi inexistente en Baracoa.
Exagero, claro). Lamento no haber durado más tiempo en
Santiago. Es obvio que hay mucho más rejuego que en los
otros lugares que visitamos. A esa ciudad yo volvería.
Hemos sido 15 y a veces 17. Casi todos varones. Fanny
(artesana con estilo Taíno y buenísima gente) fue la reina.
Mi amiga Chiqui Vicioso, su posible “contraria”, solo viajó
con nosotros hasta Cabo Haitiano, donde debía dar una
conferencia. No sé si valga la pena hacer un recuento. Mejor
no, dejémoslo así.
Pero de Marta sí hablo: Mulata de la Habana, personaje
fugaz, que se apareció la noche que tocamos en el hotel de
Baracoa, con unos turistas alemanes. Hermosa e inteligente.
Buena combinación. Tuvimos un largo párrafo que sólo se
interrumpió porque ya no aguantaba el cansancio. Me agradó
su inteligencia y don del diálogo. Me preguntó mucho por
Juan Luís Guerra, a quien admiraba, evidentemente.
16 de abril, 7:22 AM (domingo)
¡Uf! Qué duro fue anoche. Bueno, en realidad
empezó en la tarde y se agravó en la noche. La Mar estuvo
muy picada. Según el capitán, por causas de la luna llena.
Sólo dos no nos enfermamos. Nauseas y vómitos a granel.
Hasta algunos de los marinos lo sufrieron. El Doctor (dueño
de la agencia de viajes que preparó este asunto) fue uno de
los primeros. Me dio lástima, parecía un niño tratando de
justificarse. Cayó El Cura, general de mil batallas (según
él) y otros. Yo ví venir el asunto y me tomé una de las
pastillas que nos había dado el mismo Doctor,
paradójicamente, para prevenir. Dormimos mal e incómodos. No
hay suficientes colchones ni espacio y, los que dormíamos
afuera, como yo, no pudimos porque las olas mojaban todo el
barco (ni hablar de lo difícil que resulta orinar o
bañarse, con este vaivén). Bueno, una jornada más. Según el
Capitán, vamos a llegar en la tarde de hoy. Perdimos tiempo
ayer. Aunque la tarde de ayer trajo otras cosas. Estaba
durmiendo cuando, con la algarabía, me desperté para ver con
todo el mundo, algo así como una veintena de delfines que
acompañaban el barco. Haciendo piruetas y monerías (El Padre
sigue mal, tengo que dejar de escribir para ayudarlo,
vomita)…
…Estos delfines deben venir de países fríos, buscando el
calor de estas aguas (andábamos cerca del Banco de la Plata)
Sin darnos cuenta, el barco fue envuelto por un canto
indescriptiblemente bello. Eran los delfines, y los
marineros respondiendo (o al revés). ¡Compadre!
Casi de una vez, se escuchó otro sonido: la chicharra de la
vara de pescar que estaba tendida, curricaneando. El Capitán
trajo a bordo, en dos intentos, un dorado de 25 o 30 libras
que nos vamos a comer hoy. Fiera lucha dio el animal, fue
subido con un brichero de gancho bien fuerte. Ya en borda,
los marineros tuvieron que darle par de petacazos en la
cabeza, para aquietarlo…y la cosa sigue: la vara suena de
nuevo (mientras escribo)…se fue, ¡coño!...los marineros
limpiaron el dorado (era una hembra) que tenía tremendo saco
de huevos (hueva), que, según el capitán, es buenísima
frita. Lo filetearon, listo para el sazón.
O sea que, ayer la cosa estuvo activa por muchas razones.
Hoy, en cambio, la mar está bien tranquila y navegamos sin
percances. Se ve ya, a la distancia, el puerto de
Manzanillo, de donde salimos, pero es a Puerto Plata a donde
vamos. Faltan muchas horas de viaje aún. Navegamos mar
adentro, lejos de la costa. Ayer, en el lío, perdimos rumbo
y tiempo, que tratamos de recobrar hoy.
7:40 AM
Recopilando:
En Baracoa, y durante todo el viaje, nos acompañaron ciertos
personajes dignos de comentarios a parte.
Castro: poeta alucinado y buen improvisador; bajito y de
larga barba. Parecía un maco al bailar; bien alegre.
Hartman: nuestro anfitrión: Historiador, investigador,
arqueólogo y, casi por oficio, muy desorganizado. Nos
acompañó todo el tiempo, siempre con buenos e inteligentes
comentarios. Le gustó lo que escuchó de Maniel. A propósito
de él hubo una cómica y casi trágica anécdota del viaje:
resulta que la noche que tocamos en el hotel, Hartman llevó
la novia. Al otro día, fue sola al hotel, con algunos
músicos amigos, su esposa. Bernardo, en tono de chanza le
dijo (el no sabía lo de la novia) “ah pero es usted, ¿y
quién era la rubia de anoche?” Le dí un codazo y traté de
arreglar el asunto pero el daño estaba hecho: la doña había
ido al hotel a confirmar ese detalle, precisamente: La novia
es rubia.
El capitán nos dice que entraremos en PP entre 7 y 8 de la
noche, ¡coño! Estamos cerca de los cayos de Montecristi.
Anoche teníamos la corriente y los vientos en contra, por
ello el atraso.
5:45 PM
Estamos ya frente a PP. En una hora o menos,
estaremos entrando en el puerto. Parece que ya el viaje
llegó a su fin. Algo más de treinta horas duró el retorno.
Veinte y pico en la ida. Tremendo viaje en este “barquito de
papel” Estamos todos bien (a pesar de los mareos y los
vómitos). No se dio ni siquiera una pequeña disputa entre la
gente que lo hicimos. Primó la solidaridad y la hermandad,
como debía ser. Hemos decidido reunirnos el miércoles en
Bachata Rosa, para celebrarlo.
Del resto de horas que no he contado (en esta parte de
regreso), no pasó gran cosa: el mar se picó un poco desde
las doce para acá pero nada del otro mundo (después de lo de
anoche, nada es del otro mundo). Algunos vomitaron de nuevo
pero…pescamos otros dos peces: un dorado y una picúa. Al
medio día le entramos al dorado de ayer. Estaba muy bueno.
Supongo que estos otros se quedarán los marineros con ellos.
En lo personal, desde mi viaje en bicicleta (a los 17 años),
San Juan-Santo Domingo-San Juan, no me había embarcado
(literalmente) en ninguna otra aventura tan gorda.
Demasiados elementos dejados sueltos (pero bien, ese es el
estilo de Silvano, así hay que quererlo. Silvano se quedó en
Cuba, no está en el regreso). Sin embargo, me creo
afortunado habiendo formado parte de éste grupo. Aunque no
creo que lo repita en iguales condiciones.
Ahora, con mis 43 a cuesta, me alegro de que ese yo de los
17, se mantenga vivo.
Volveré a escribir sólo si hace falta. En lo que a mi
cuenta, cierro estas notas.
6:08 PM
Entramos en el puerto de Puerto Plata: Tout c´est finis
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LA RUTA DE LA VIDA
(Crónica del viaje al Pico
Duarte, Junio 1985)
Antolyn y Curruco estaban en Manabao como los caballos de
carrera, en la Gatera del Perla Antillana, segundos antes
del disparo. Ahí, en Manabao, nos habíamos parado para
conseguir guía, mulas y demás asuntos. En rústico pedazo de
madera se podía leer: “Chiche, guía del Pico”. Refiriéndose
al Pico Duarte, naturalmente, puesto que, aunque están los
otros (Del Yaque, La Rusilla, de la Cotorra, la Pelona…) a
nadie se le ocurriría ir por esos lados y no llegar al más
alto, al magnífico.
Amparo se había portado bien subiendo y bajando lomas.
Cuando “los chicos y las chicas” echaban sus griticos
nerviosos subiendo, con precipicios de lado y lado y pésima
carretera, les explicaba, para calmarlos, que Amparo había
subido mayores alturas por los lados de Polo, en la Sierra
de Bahoruco. Y muchos otros lugares. Así que, sin sorpresas
para mí, Amparo se empinó sin siquiera chistar, hasta la
Ciénaga, último poblado de la ruta donde se podía llegar en
vehículo, mucho después de Jarabacoa. Llegando al puesto (la
oficina) de Parques Nacionales, se pinchó una goma. Ya
estábamos ahí, un problema para cuando retornáramos.
Remontar el Pico era la preocupación de ese momento.
Éramos nueve: 5 guías de la Asociación de Guías Turísticos;
una española feminista; un dominicano, escritor, recién
regresado de Francia (compañero de la española); un Francés
que terminaba, en el país, su servicio militar obligatorio y
otra dominicana, amiga de los tres. Paula y yo queríamos
subir a pie toda la ruta. Hasta lo más alto: 3,175 pies
(¿metros?) sobre el nivel del mar. La mayor altura montañosa
del Caribe. Nosotros sólo teníamos referencias escolares,
durante las clases de geografía, de estos lugares. Me parece
que Antolyn y Curruco albergaban el mismo deseo, aunque no
lo dijeran. Ana Green nunca fue pretenciosa: quería llegar,
sin importar el cómo. Carmen, la española y Alan, el militar
francés, tenían experiencias escalando montañas; Carofina
(la dominicana amiga de estos) y Manuel (el compañero de la
española), ninguna. Curruco y yo habíamos sido Boy Scout,
por lo tanto, alguna montaña nos había tocado sufrir pero
eso estaba muy atrás en el pasado.
Ninguno pudo subir, sin embargo. Mucho menos bajar. La que
más lejos llegó fue Carofina, la inexperta, y ello por su
santo terror a subirse en el lomo de una mula. Terror que
tuvo que perder puesto que le llegó el momento – como a
todos – de no aguantar más. La “avanzada”, como se les dio
con llamarse Curruco y Antolyn, firmaron con los carmelitas
a penas después de remontar la primera gran loma: el Pico de
la Cotorra. Los otros fueron más sabios y se repartían la
recua de mulas desde el principio, cuando la cosa empezó
aponerse difícil. La prieta y yo persistimos un poco más y
llegamos a escalar los 2,600 metros del Pico del Yaque:
“Agüita Fría”, le dicen los lugareños. Aquí nacen los dos
ríos Yaque del país: el del Norte y el del Sur, en dos
hoyitos insignificantes, de aguas friísimas, que tan sólo a
media montaña abajo (una hacia el sur, otra hacía el norte)
se convierten en tremendos torrentes acuíferos: Dos de los
ríos más caudalosos y largos del país. El Yaque del Norte,
riega todo el grandioso Valle del Cibao, hasta desembocar en
la Bahía de Manzanillo, a cientos de kilómetros de
distancia, en el Océano Atlántico. El del Sur, recorre la
llanura de Azua, el Valle de San Juan y las tierras
agrícolas camino a Barahona, en cuya bahía entrega sus
dulces aguas al Mar Caribe. Y aquí es que nacen. ¡Qué
maravilla! Soy de San Juan, así que el Yaque del Sur lo
conozco muy bien; mucho más abajo, cuando pasa cerca del
pueblo.
Subir o bajar a pie o en mula, no es lo preponderante. La
gran verdad es que sólo después de que monté el animal, fue
cuando realmente pude gozar del entorno. Hasta entonces,
ponía más atención a la ruta, al camino; para no caer, para
no extraviarnos. Las mulas conocen más que todos nosotros
estas rutas. Entonces me ganó lo exuberante de la
naturaleza, la grandeza del entorno: el bosque húmedo de los
inicios, repleto de caña brava; las diferentes vistas
panorámicas mientras íbamos ganando lomas y altura; los
inmensamente verdes pinares; la vegetación casi virgen, que
se reproduce sola, siguiendo sus propias leyes naturales; el
canto del Jilguero, qué belleza el canto del Jilguero. 764
kilómetros cuadrados de extensión tienen estos dos parques
nacionales: J, Armando Bermúdez y José del Carmen Ramírez,
donde hemos entrado a vivir un poco. De rica y abundante
foresta, de ríos de aguas claras y frías. Tan distinto al
camino que vinimos recorriendo en el vehículo; todos
alarmados por los muy notables signos de deforestación.
Entonces, llegar al pico, a lo más alto, y comprobar que la
vida tiene esperanza; que este país tiene sus reservas y que
hay que conservarlas, multiplicarlas. No se puede jugar con
esta verdad, nos puede costar la existencia. “Por cada árbol
caído, mueren diez personas con él”. Patética realidad en
boca del joven agrónomo Leonardo de Jesús, a cargo de toda
esta tierra.
No fuimos los primeros, ya otros han
remontado estas alturas, pero a cada uno nos ha quedado este
singular reguste por lo vivido. Por Santiago o por Jarabacoa;
por San Juan o por Padre Las Casas, esto es siempre
grandioso, y le queda a uno el eterno deseo de volver. De
hecho, para Junio del año que viene, hemos planificado
reagruparnos y hacer una expedición oficial de la Asociación
de Guías de Turísticos de la RD, con Tarja Conmemorativa y
todo. Y dejarla haya arriba, en lo más alto; como muestra de
que los guías nacionales amamos este país, sus bellezas, la
vida.
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Journie a La Martinica
CRÓNICA
19 al 21 de junio, 2007
Hoy es martes, pienso absurdamente que la mujer que limpia
le toca ir a la casa. A mi casa, allá en Santo Domingo,
porque estoy lejos desde hace dos días. Acepté venir con una
“trupé” de bailadores y músicos folklóricos, a La Martinica,
isla que visito por segunda vez y confirmo que me gusta.
El domingo, a prima noche, iniciamos este viaje que he
asumido como uno donde desarrollar actividades promosionales
para mi grupo (El Grupo Maniel), y que me sirve, además,
para volver a montarme en un avión y poner mar de por medio.
Nada como la distancia para desconectarse.
Dejando de un lado las múltiples complicaciones para
conseguir visa, pasajes, permiso de los jefes, alistar todo
en la casa (las emisoras), armar los dossiers de Maniel, y,
así de último, preparar la conferencia: No me emociona
demasiado el asunto, La Contradanza y Las Cuadrillas en el
Caribe, bueno…realmente lo que quiero es despegarme y
promocionar el grupo.
Nada complicado el vuelo, excepto por el
detalle de viajar con gente que no conozco (y a quienes he
ido conociendo) y ciertas preocupación por si “voy a tener
que compartir habitaciones con alguien o no poder retornar
el viernes” .Tengo tocadera en Casa de Campo. Ambos asuntos
ya resueltos. Estoy solo en una habitación nada cómoda
(camas pequeñas y de colchón bien delgado, baño como para un
liliputiense) pero entendible y hasta apropiado para un
albergue de pueblo, estilo europeo de 2da o 3ra categoría.
Hay abundante agua pero no nos dan ni jabón ni toalla.
Toallas había traído, previendo, pero jabón no; asunto
preocupante porque, por más que hemos caminado, no se ha
encontrado ni siquiera un colmadito. Así de apartado
estamos. Le Francois se llama ¿la ciudad?, bello lugar entre
montañas y la costa atlántica, abajo. Martinica es como una
montaña salida del mar (de hecho, es una de las pocas –creo
que dos- que tienen volcanes en el Caribe), es un eterno
subir y bajar. Pienso que no me enteré la vez pasada porque
estuvimos en la capital (fort de france) y es zona mas o
menos llana. Ahora es como si estuviéramos en Las Terrenas,
pero en las lomas, retirado de los centros habitados (bueno,
es un decir, cruzar a lo ancho la isla te toma menos de
media hora y una hora y algo a lo largo). Resolví lo del
jabón por un préstamo de media pasta de un compañero músico.
Nos alistamos ahora, mientras escribo esto esperando el
autobús, para ir a la rueda de prensa que dará inicio a la
actividad. Hasta ahora (excepto los pequeñísimos
inconvenientes) todo ha salido a pedir de boca para mi. El
día Lunes (ayer) fue día de absoluto “no hacer nada”. Hemos
caminado, jugado dominó, leído (yo he leído: terminé el
Clan Dumas, de pérez reverte, suerte de trama medieval que,
en estilo y dominio de los personajes dentro de la trama, es
una soberana lección de cómo hacer literatura buena al tal
Dan Brown de el Código DaVincci. Ahora empiezo La silla del
águila, de Carlos Fuentes, va de lo mas bien), tocar
nuestros instrumentos, traje mi flauta, y conocernos. Muchos
de este grupo saben quien soy y, terrible tortura al
principio por no saber de dónde la conocía, hay una chica (Awilda)
que fue mi alumna en la escuela de cantos y música de RTVD,
hace un tiempito. Todos me tratan de “Don”, lo que me
muestra que mis años no han pasado en balde. Son, excepto
dos o tres, muy jóvenes, para quienes este viaje es su
primero. He tratado de ponerme en su lugar y recordar mis
primeros pasos en estas bregas, me ha dado trabajo, no da
para tanto mi memoria e imaginación. Lo que no he tratado de
hacer es cerrarme (o lo que he tratado de evitar), como me
sucede casi siempre cuando estoy entre gente no cercana
(cada vez menos), lo que me ha permitido meterme entre esta
sangre joven (y no tan joven), siguiendo su pulso. Supongo
que a partir de hoy las cosas serán distintas en tanto se
harán separaciones: yo, el “conferencista”; ellos, “los
folklóricos”. No tengo idea de qué se espera de mi, he
venido sustituyendo a mi buen amigo Julio Cacú, quien es el
real experto en estos asuntos. Sin embargo, para algo nos
sirve la experiencia, los años en el oficio, tengo bien
claro cómo voy a bordar el asunto y a dónde quiero llegar.
Anoche me enteré de que mi vuelo de retorno es el jueves y
no el viernes, lo que no me molesta para nada. Lo que sí me
ha sacado de casillas es el detalle de que la llave de mi
carro fue aparentemente “confiscada” en no sé cuál de los
aeropuertos. Estaba en mi maleta y mi llavero es una navaja.
Supongo que por eso, con estas nuevas mierdas de seguridad.
No sería nada (tengo copias) si no fuera porque, previendo
llegar muy justo el viernes y tener que salir de una vez
para casa de campo a tocar, dejé mi vehículo en el parqueo
del aeropuerto. Nada, como ya llego el jueves, alguien me
las llevará a mi arribo.
Es muy frutal esta isla, muy agrícola también. No recuerdo
haberlo registrado antes. De hecho, pensaba que no había
vías fluviales, no sé por qué, estaba de los más equivocado.
En el nadismo del lunes, encontramos muchos mangos y
ciruelas, cerezas, cajuilitos solimanes y cualquier otra
fruta (es tiempo de ellas) que nos son comunes también. Y
hoy ví un río, pequeño pero de buen caudal. No hay grandes
diferencias entre las vegetaciones y fauna de ambas islas
(ayer ví un Hurón). Plantaciones de plátanos y guineos,
ganado vacuno y ovejuno, en fin: lo mismo, pero en menor
escala.
Ahora, en el inicio (miércoles) de la actividad, noto cuán
de parte del baile es, por suerte. Son muy buen grupo estos
muchachos (el Ballet de doña Nereyda Rodríguez, a quien
conozco hace mucho). En mi caso, y ya lo aclaré, centraré mi
ponencia en la música, no puede ser de otra manera. Ya
presenté mis credenciales y hablé en la rueda de prensa. La
traductora es terrible. Una cubana ignorante que a todo le
pone pero, haciendo dificultoso lo que sea. Como hablo algo
de francés y bastante de inglés, he logrado (hoy que
finalmente los vemos) conversar con los organizadores (la
alcaldía de Le Francois, incluyendo al sindico, hombre muy
efectivo y sencillo) y explicarles mis necesidades técnicas.
El flujo eléctrico y los conectores son de estilo europeo y
no concuerda con los nuestros. Esta mañana logré a duras
penas afeitarme, se quedó sin carga la rasuradora. Tampoco
tengo forma de conectar los otros equipos, computadora
incluida, por las mismas razones. Muy
problemático porque buena parte de mi ponencia se basa en
música que tengo ahí. Luego de conversar, me asignaron a una
persona que me resolverá el asunto tan pronto salgamos de
aquí. Yo, por el idioma y la experiencia, se buscar
soluciones, pero estos muchachos, cosa que lamento, ni
tampoco yo, hemos tenido suficiente información (la
invalidez del dólar, por ejemplo…para cambiar a euro hay que
volver al aeropuerto). Esta cubana es un cero a la
izquierda. No niego que me preocupa lo de mañana y la
traducción.
Fui con esa persona (Joel, encargado de prensa y propaganda
del ayuntamiento) a resolver el asunto técnico y luego tomé
un taxi para ir al aeropuerto y cambiar dólares a euros,
para comprar algunas cositas que llevarles a los queridos y
tener independencia monetaria. Antes, Joel me llevó a su
casa donde comimos pescado y otras menudencias del país. No
es de mi preferencia la comida aquí, así que el pan, que si
me gusta, la mantequilla y el queso, han ganado mi estomago.
Esta gente nos trata muy bien, y he constatado (no es tan
poco mi francés, prácticamente, no necesito que me
traduzcan) que nos consideran la delegación estrella. Por lo
menos a nivel oficial. A nivel inferior: la agencia, la
traductora, la guía, el trato es otro. Por ejemplo, no han
dado las dietas, y sé que me iré sin recibir nada. Algo
falla o huele mal pero no será mi problema. El taxi me llevó
al aeropuerto done cambié dólares a euros y luego a un
centro comercial. Lo único que compre fue un celular con
tarjetas, porque donde estamos es absolutamente imposible
llamar o conectarse a Internet. No es que no haya avances
tecnológicos en Martinica (en el aeropuerto, ahora que me
voy lo sé, puede uno conectarse a Internet por vía
inalámbrica, gratis. No tenemos eso allá. Lástima que me di
cuenta cuando ya había que tomar el avión), simplemente es
que estamos en un ámbito rural. Gente con poder adquisitivo
pero no interesados en más nada que no sea descansar.
Abundan los viejos, me parece una zona de retirados
mantenidos por el gobierno(o por todos sus años de haber
servido al gobierno). Los dueños del albergue son dos
viejos. Ella es muy simpática (y apática a la vez, como
buena francés) y de él solo he visto la sombra. Soy suerte
de traductor de los muchachos, por mi ¿facilidad? con el
idioma. Nos llega la comida desde algún lugar que el
ayuntamiento ha contratado, puntual y sin variantes (siempre
lo mismo: pescado, arroz desabrido, carne de ternera, pan,
agua-malísima-, chocolate y café; mantequilla, quesitos de
esos triangulares, y muchos mangos, que tiene de los más
feliz a una de las bailarinas, que se los come todos. Así
que fue una tarde bien activa, con todos esos viajes y
visitas. El ayuntamiento (pero ya lo sabía desde mi otro
viaje) es un centro nada ostentoso, y abierto a todo el
mundo. Importa servir, no aparentar, lo que es muy de
organización europea (que no sea España, claro). Sin
embargo, aún sabiendo lo ventajoso que es tener un sindico
que atienda a la gente, producto del nivel organizativo y
participativo de la gente (“si no rindes tu función, no
votamos por ti”), pienso que estos negros han perdido mucho
del carácter caribeño (por lo menos el hispano) y son más
franceses que gente del caribe. Anoche pensaba cuán chocante
y divertido a la vez, debíamos resultar para esos viejos
poco acostumbrados a la bulla y chercha de este trupé
caribeño. Entonces, caí en cuenta, que La Martinica está en
el caribe. Pero no es lo mismo, sin dejar de serlo.
Cuando llegué de la ciudad, cometí el error de decir que
tenía un teléfono y se armó la de Troya. Ni modo, todos
estaban preocupados por no haber tenido contacto con su
familia, así que, asegurando llamar yo a mis queridos y
empleados (asunto de la casa y la emisora), o, por lo menos,
a quienes se pudo – hubo teléfonos que no entraron por la
razón que fuere. Es un lío con todos estos raros códigos -
no pude negarme a dejar a estos chicos y chicas llamar a su
gente. A mí, el jueguito y la búsqueda de independencia, me
costó 65 euros. Casi cien dólares, soberano caudal. No
entiendo cómo esta gente nos deja perdidos y sin asistencia.
Y eso, que tenía en mente ir a Fort de France, suerte que me
arrepentí.
Conferencia
1 Historia
a) Los archivos que no existen
b) Trujillo y su bosal
c) El Caribe como entidad musical
d) Las diferencias idiomáticas
2. La Cotradanza
a) Esbozo histórico
b) Anclaje en el Caribe
c) Santo Domingo
3. República Dominicana
a) Criolla
b) Danzón
c) Son/Merengue
d) Bolero
e) Complejo Genérico
Poco desarrollada, por lo lenta y mala de la traducción.
Leyendo al público (como buen músico de bailables que soy),
decidí acortar mi ponencia para no aburrir. No fue mala la
reacción y los colegas musicólogos ( David y Dominique,
ambos de Martinica y jóvenes) me consideran uno del grupo.
Creo que cumplí mi acometido. En cuanto a Maniel, logré
colocar cierta promoción entre quienes creo que son la gente
importante de todo esto. Esperemos los resultados. Esta
mañana, preparé maletas, un poco más liviana porque nada me
llevo. Al medio día me recogieron y ahora (4:30 pm) estoy ya
en vuelo de retorno, en un viaje que hace escalas en
Guadalupe y Haití. Llegaré como a las seis.
Ah! Olvidaba comentar que, preparando la maleta para el
retorno, encontré entre mi ropa, en un lugar que había
buscado mil veces, las llaves del carro. Un problema menos.


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