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"Cayó un gran Baobab”

Don Sixto Minier

Beijing, China: Hoy es jueves 1ero de mayo 2008, acabo de levantarme y organizarme para iniciar el día fundamentalmente estudiando para preparar los exámenes de la semana próxima. Como de costumbre, antes de empezar a trabajar leo mis correos y lo primero que encuentro es que ayer 30 de abril un ser especial partió en su viaje a otras dimensiones del existir.

Si, anoche tomo su viaje de regreso a la fuente Don Sixto Minier de Mata Los Indios, Villa Mella, una persona que dedicó su vida a mantener viva la memoria de sus ancestras y ancestros, que son los nuestros, los de la inmensa mayoría de los dominicanos y dominicanas. Al pronunciar su nombre nos llega al alma la alegría del toque de los tambores y en particular el toque del balsié y la magia de “Los Congos de Villa Mella” o  Cofradía del Espíritu Santo.

Mis amigas, amigos, mis amores y mis corazones latentes en cinco continentes,  en algunos países de Africa del Oeste se dice “Cayó un gran baobab”. Mas sin embargo, para quienes sabemos de la importancia de mantener viva la memoria de nuestra cultura africana y creemos en transmutación y en nuestra capacidad de intercambio entre los mundos material e inmaterial, este cambio de estación en la existencia de Don Sixto tiene la imagen grandiosa de  una frondosa seiba, que en sumisión ante el llamado del cielo se extendió a todo lo largo de nuestra tierra dominicana para ser absorbido y a través de ella seguir alimentando desde la raíz nuestra identidad. Me pregunto qué puede ser mas sustancioso para alimentar una cultura que el  disponer de una identidad cultural sostenida en la realidad de lo que somos en su integralidad, en mantener despierta y latente una historia contada y recreada por todos, en particular por quienes han sido sacrificados en nombre de “la civilización, del progreso, del desarrollo”. A nosotros nos corresponde no sólo escribir la historia, sino mantener viva la memoria, recrearla con la alegría de quienes resistieron -la alegría nunca es amarga y es muy creativa- y seguir resistiendo e insistir para que los sacrificios no continúen realizándose con las mismas poblaciones aunque bajo otros símbolos más adecuados a nuestros tiempos.

 Hace apenas 13 días, y se dice que 13 gramos pierde el cuerpo humano cuando se le va la vida, también emprendió su viaje de regreso otro ser muy especial, Aimé Cesaire. Como bien dijo Olabiyi Yai en su homenaje a este gran poeta, escritor, político y humanista martiniqués, “un gran Baobab ha caído como se dice en mi tierra…Cesaire la voz de los sin voz”.  

Este abril 2008, cuando la primavera nos envuelve en su magia de colores y olores estas dos figuras caribeñas emprenden viaje en las alas de las mariposas y junto al polen de las flores se esparcen en todo mi Caribe, ese que se reconoce amante orgulloso y celoso de su ancestralidad africana. Mi corazón no llora estas despedidas temporales sólo agradece al cielo por la riqueza en calidad humana de nuestra región.

Dos fuertes árboles de la identidad afrocaribeña se han abrazado al vientre de la tierra, para desde sus entrañas seguir alimentándonos con su ejemplo y su coraje. Más allá de nuestras circunstancias de vida, el ejercicio de mantener viva la memoria a través de la oralidad requiere de mucha tenacidad, coraje y entrega.

Los homenajes y las páginas de la historia generalmente están reservadas a quienes han sido excelentes combatientes con las armas, sean éstas de fuego, de filo o bien del verbo escrito, y como en el caso de Cesaire además sustentado en una práctica de vida acorde con sus ideales. Pocas veces, por no decir casi nunca, se reconocen los héroes y las heroínas de la tradición oral y de otras expresiones de las artes populares, de las mágico-religiosas. Personas comunes y corrientes que ejercen con dedicación, amor y devoción el oficio de velar por la memoria ancestral. Especialistas en la preservación de los recursos espirituales tan esenciales para la sobrevivencia humana. Estos recursos espirituales así protegidos son parte activa y efectiva de los mecanismos de resistencia que nos permitieron sobrepasar –y con alegría- las políticas de “civilización” ejecutadas en nuestros continentes (africano y americano).

Don Sixto Minier cuyas armas han sido el tambor, la música, la danza de los congos y todo el ritual que la práctica mágica-religiosa de la Cofradía del Espíritu Santo. Es doblemente una excepción, porque aunque limitado ha logrado alcanzar un nivel de reconocimiento internacional, que a la mayoría de nuestros héroes y heroínas de la oralidad les esta vedado. En el 2001 si la memoria no me falla, la Cofradía de Los Congos de Villa Mella fue reconocida como “Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad, estando entre los primeros reconocimientos de esta naturaleza realizados en dicha entidad.

Don Sixto Minier Aché!!! Gracias a la misericordia!!!

El sabor suave del recuerdo de Don Sixto me invoca a pedirles que  lo  acompañen en lo que puede interpretarse como su última actividad sobre la tierra, y junto con él recrear lo que tan hermosamente hemos mantenido de la cultura africana en nuestra dominicanidad. Así que les invito para que participemos en la fiesta de su despedida, llevarle un símbolo de luz (una vela), tocar los tambores en particular el balsié (tengo uno para mi muy especial porque fue hecho por sus manos), escuchar la nostalgia profunda e intensa del palo echáo y bailar, bailar hasta que el sudor nos inunde, los pies no respondan y los espíritus de nuestros antepasados, así convocados, acudan para acompañar a Don Sixto en su nuevo viaje.

 Quiero en esta despedida a Don Sixto, recordar, reconocer y saludar a una mujer muy especial que es otra seiba de los Congos de Villa Mella, La Reverenda. Bajo su sombra se recrea esa memoria de una madre Africa alegre, tierna y resistente como el tronco de este árbol sagrado, siempre presente, aunque se le quiera rezagar como los viejos y las viejas que ya resultan una carga a soportar en las sociedades occidentales y occidentalizadas.

Mi querida Reverenda para usted mucha salud corporal y espiritual, alegría para su corazón y la gracia del cielo para que podamos seguir alimentándonos de su determinación en mantener los Congos de Villa Mella y disfrutándola como ser humano excepcional.  Con usted aun tenemos mucha memoria registrada en el corazón, en la voz, en los pies. Si,  en los pies llevamos con nuestros bailes registrados los sabores y el arco iris de colores que sustancian lo negro de nuestra cultura.

Buen viaje Don Sixto que su luz nos siga iluminado, aclare nuestros caminos y nos ayude a seguir manteniendo viva la memoria de nuestras ancestras y ancestros. Buen regreso a la fuente. El árbol del último viaje (“L’arvre du non retour”)  lo esta esperando en Ouidah, Benín, en el Congo o cualquiera que sea su tierra de origen ancestral para que usted realice sus siete vueltas, termine de recuperar la memoria ancestral y descanse en paz a todo lo largo y ancho del atlántico y en las tierras a las que pertenece. Usted y muchas otras personas más somos de aquí y también somos de allá.

Ache!!! Gracias a la misericordia!!!

Deseo terminar con esta plegaria-ritual:

“Recupero los valores y saberes ancestrales, con fe y sin temor los integro con y en todos mis sentidos; para con amor y devoción devolverlos y ponerlos al servicio del proyecto divino de humanidad”.

Senaida Jansen

   

 

 

 

 

 

 

 

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En el ámbito local, es el único programa que ha radiado en vivo los dos grandes festivales de jazz del país, el de Casa de Teatro, en Santo Domingo y el Dominican Republic Jazz Festival, de la Costa Norte, y ahora también el Festival  de Jazz de Punta Cana y Bávaro, los tres con categoría internacional. Compasillo es su programa oficial de radio.  Incluye, además, emisiones desde el Teatro Nacional de Santo Domingo (La Sinfónica Nacional, La Orquesta Filarmónica) y el Gran Teatro del Cibao, en Santiago (Concierto Arturo Sandoval, Gonzalo Rubalcaba, Puerto Plata Jazz Enssemble, Chucho Valdeze  e Irakere; El prodigio en Jazz) Las distintas versiones de la programación musical de La Feria Internacional del Libro de Santo Domingo (Amaury Pérez, Grupo Maniel, Truco y Zaperoco, Homenaje a Billo Frómeta – Big Band de músicos dominicanos y venezolanos) el anfiteatro Altos de Chavón, las dos versiones del festival Europeo Latinoamericano de Santo Domingo: Ivan Linz, Felipa Pais, Patricia Pereyra, Pasión Vega, Victor Manuell, En vivo desde El Centro, actividad del Centro Cultural de España en Santo Domingo, con Cuco Valoy, Fernando Echavarría, Los Grandes del Son, Grupo Maniel,  Guarionéx Aquino, Arturo Sandoval, la Santo Domingo Jazz Big Band en el Hotel Jaragua, y un largo etcétera. 

 

ARTÍCULOS

LA RUTA DE LA VIDA

  
por César Namnúm

Antolyn y Curruco estaban en Manabao como los caballos de carrera, en la Gatera del Perla Antillana, segundos antes del disparo. Ahí, en Manabao, nos habíamos parado para conseguir guía, mulas y demás asuntos. En rústico pedazo de madera se podía leer: “Chiche, guía al Pico”. Refiriéndose al Pico Duarte, naturalmente, puesto que, aunque están los otros (Del Yaque, La Rusilla, de la Cotorra, la Pelona…) a nadie se le ocurriría ir por esos lados y no llegar al más alto, al magnífico.

Amparo se había portado bien subiendo y bajando lomas. Cuando “los chicos y las chicas” echaban sus griticos nerviosos subiendo, con precipicios de lado y lado y pésima carretera, les explicaba, para calmarlos, que Amparo había subido mayores alturas por los lados de Polo, en la Sierra del Bahoruco. Y muchos otros lugares. Así que, sin sorpresas para mí, Amparo se empinó sin siquiera chistar, hasta la Ciénaga, último poblado de la ruta donde se podía llegar en vehículo, mucho después de Jarabacoa. Llegando al puesto (la oficina) de Parques Nacionales, se pinchó una goma. Ya estábamos ahí, un problema para cuando retornáramos. Subir al Pico era la preocupación de ese momento.

Éramos nueve: 5 guías de la Asociación de Guías Turísticos; una española feminista; un dominicano, escritor, recién regresado de Francia (compañero de la española); un Francés que terminaba, en el país, su servicio militar obligatorio y otra dominicana, amiga de los tres. Paula y yo queríamos subir a pie toda la ruta. Hasta lo más alto: 3,175 pies (¿metros?) sobre el nivel del mar. La mayor altura montañosa del Caribe. Nosotros sólo teníamos referencias escolares, durante las clases de geografía, de estos lugares. Me parece que Antolyn y Curruco albergaban el mismo deseo, aunque no lo dijeran. Ana Green nunca fue pretenciosa: quería llegar, sin importar el cómo. Carmen, la española y Alan, el militar francés, tenían experiencias escalando montañas; Carofina (la dominicana amiga de estos) y Manuel (el escritor, compañero de la española) ninguna. Curruco y yo habíamos sido Boy Scouts, por lo tanto, alguna montaña nos había tocado subir, pero eso estaba muy atrás en el pasado.       

Ninguno pudo completar la subida, sin embargo. Mucho menos bajar. La que más lejos llegó fue Carofina, la inexperta, y ello por su santo terror a subirse en el lomo de una mula. Terror que tuvo que perder puesto que le llegó el momento – como a todos – de no aguantar más. La “avanzada”, como se les dio con llamarse a Curruco y Antolyn, firmaron con los carmelitas a penas después de remontar la primera gran loma: el Pico de la Cotorra. Los otros fueron más sabios y se repartían la recua de mulas desde el principio, cuando la cosa empezó a ponerse difícil. La prieta y yo persistimos un poco más y llegamos a escalar los 2,600 metros del Pico del Yaque: “Agüita Fría”, le dicen los lugareños. Aquí nacen los dos ríos Yaque del país: el del Norte y el del Sur, en dos hoyitos insignificantes, de aguas friísimas, que tan sólo a media montaña abajo (una hacia el sur, otra hacía el norte, claro) se convierten en tremendos torrentes acuíferos: Dos de los ríos más caudalosos y largos del país. El Yaque del Norte, riega todo el grandioso Valle del Cibao, hasta desembocar en la Bahía de Manzanillo, a cientos de kilómetros de distancia, en el Océano Atlántico. El del Sur, recorre la llanura de Azua, el Valle de San Juan y las tierras agrícolas camino a Barahona, en cuya bahía entrega sus dulces aguas al Mar Caribe. Y aquí es que nacen. ¡Qué maravilla! Soy de San Juan, así que el Yaque del Sur lo conozco muy bien; mucho más abajo, cuando pasa cerca del pueblo.

Subir o bajar a pie o en mula, no es lo preponderante. La gran verdad es que sólo después de que monté el animal, fue cuando realmente pude gozar del entorno. Hasta entonces, ponía más atención a la ruta, al camino; para no caer, para no extraviarnos. Las mulas conocen más que todos nosotros estas rutas. Entonces me ganó lo exuberante de la naturaleza, la grandeza del entorno: el bosque húmedo de los inicios, repleto de caña brava; las diferentes vistas panorámicas mientras íbamos ganando lomas y altura; los inmensamente verdes pinares; la vegetación casi virgen, que se reproduce sola, siguiendo sus propias leyes naturales; el canto del Jilguero, qué belleza el canto del Jilguero. 764 kilómetros cuadrados de extensión tienen estos dos parques nacionales: J, Armando Bermúdez y José del Carmen Ramírez, donde hemos entrado a vivir un poco. De rica y abundante foresta, de ríos de aguas claras y frías. Tan distinto al camino que vinimos recorriendo en el vehículo; todos alarmados por los muy notables signos de deforestación. Entonces, llegar al Pico, a lo más alto, y comprobar que la vida tiene esperanza; que este país tiene sus reservas y que hay que conservarlas, multiplicarlas. No se puede jugar con esta verdad, nos puede costar la existencia. “Por cada árbol caído, mueren diez personas con él”. Patética realidad en boca del joven agrónomo Leonardo de Jesús, a cargo de toda esta tierra.

                No fuimos los primeros, ya otros han remontado estas alturas, pero a cada uno nos ha quedado este singular reguste por lo vivido. Por Santiago o por Jarabacoa; por San Juan o por Padre Las Casas, esto es siempre grandioso, y le queda a uno el eterno deseo de volver. De hecho, para Junio del año que viene, hemos planificado reagruparnos y hacer una expedición oficial de la Asociación de Guías  Turísticos de la RD, con Tarja Conmemorativa y todo. Y dejarla haya arriba, en lo más alto; como muestra de que los guías nacionales amamos este país: sus bellezas, la vida.        

Junio, 1985

 

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