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BAILANDO SON EN LA CALLE

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EMISORA cuya programación es
transmitida de manera exclusiva en la Red Mundial de
Internet. Originada en Santo Domingo, República Dominicana,
dándole la vuelta al reloj en tiempo real y donde se difunde
la buena música dominicana y del mundo, poniendo el acento
en la antillana. Incluye en su contexto entrevistas a
intérpretes y autores de los más amplios géneros musicales
de la música del mundo. Así como también, comentarios sobre
la actualidad cultural nacional y extranjera y transmisiones
en vivo de singulares eventos. Dirigida y programada por el
músico, escritor y radiodifusor dominicano, César Namnúm.

COMPASILLO.com
se especializa en música dominicana, del caribe y del mundo,
haciendo particular hincapié en aquella cuya difusión no es
común en la radio de ondas o de red.
COMPASILLO.com,
radio sólo en la Red, es la versión ampliada para Internet
del programa radial COMPASILLO, con largos años de ser
transmitido por distintos medios radiales de Santo Domingo y
que en la actualidad también se origina en Santo Domingo,
República Dominicana, y se trasmite de Lunes a Viernes en
horario de 8 a 10 de la noche (hora del Este) por Quisqueya
FM 96.1 Emisora que forma parte de la Corporación Estatal
de Radio y Televisión (CERTV), entidad radiofónica y
televisiva del Gobierno Dominicano. César Namnúm es también
el director, desde sus orígenes, de éste singular concepto
radial.
Sus ya
legendarias trasmisiones “in sito” han logrado crear un
público devoto de la puesta en el aire de programas
musicales en vivo, de alta calidad. Tiene en su haber las
trasmisiones históricas, desde el Blue Note (La Capital
Mundial del Jazz), SOB’s (famoso bar del SOHO) Battery Park
(en extremo sur de La Isla de Manhattan) y otros locales
nocturnos y parques de la ciudad de Nueva York.

Chucho, Jochy, El
Prodigio
En el ámbito
local, es el único programa que ha radiado en vivo los dos
grandes festivales de jazz del país, el de Casa de Teatro,
en Santo Domingo y el Dominican Republic Jazz Festival, de
la Costa Norte, y ahora también el Festival de Jazz de
Punta Cana y Bávaro, los tres con categoría internacional.
Compasillo es su programa oficial de radio. Incluye,
además, emisiones desde el Teatro Nacional de Santo Domingo
(La Sinfónica Nacional, La Orquesta Filarmónica) y el Gran
Teatro del Cibao, en Santiago (Concierto Arturo Sandoval,
Gonzalo Rubalcaba, Puerto Plata Jazz Enssemble, Chucho
Valdeze e Irakere; El prodigio en Jazz) Las distintas
versiones de la programación musical de La Feria
Internacional del Libro de Santo Domingo (Amaury Pérez,
Grupo Maniel, Truco y Zaperoco, Homenaje a Billo Frómeta –
Big Band de músicos dominicanos y venezolanos) el anfiteatro
Altos de Chavón, las dos versiones del festival Europeo
Latinoamericano de Santo Domingo: Ivan Linz, Felipa Pais,
Patricia Pereyra, Pasión Vega, Victor Manuell, En vivo desde
El Centro, actividad del Centro Cultural de España en Santo
Domingo, con Cuco Valoy, Fernando Echavarría, Los Grandes
del Son, Grupo Maniel, Guarionéx Aquino, Arturo Sandoval,
la Santo Domingo Jazz Big Band en el Hotel Jaragua, y un
largo etcétera.




ARTÍCULOS
Antolyn
y Curruco estaban en Manabao como los caballos de carrera,
en la Gatera del Perla Antillana, segundos antes del
disparo. Ahí, en Manabao, nos habíamos parado para conseguir
guía, mulas y demás asuntos. En rústico pedazo de madera se
podía leer: “Chiche, guía al Pico”. Refiriéndose al Pico
Duarte, naturalmente, puesto que, aunque están los otros
(Del Yaque, La Rusilla, de la Cotorra, la Pelona…) a nadie
se le ocurriría ir por esos lados y no llegar al más alto,
al magnífico.
Amparo se había portado bien subiendo y bajando lomas.
Cuando “los chicos y las chicas” echaban sus griticos
nerviosos subiendo, con precipicios de lado y lado y pésima
carretera, les explicaba, para calmarlos, que Amparo había
subido mayores alturas por los lados de Polo, en la Sierra
del Bahoruco. Y muchos otros lugares. Así que, sin sorpresas
para mí, Amparo se empinó sin siquiera chistar, hasta la
Ciénaga, último poblado de la ruta donde se podía llegar en
vehículo, mucho después de Jarabacoa. Llegando al puesto (la
oficina) de Parques Nacionales, se pinchó una goma. Ya
estábamos ahí, un problema para cuando retornáramos. Subir
al Pico era la preocupación de ese momento.
Éramos nueve: 5 guías de la Asociación de Guías Turísticos;
una española feminista; un dominicano, escritor, recién
regresado de Francia (compañero de la española); un Francés
que terminaba, en el país, su servicio militar obligatorio y
otra dominicana, amiga de los tres. Paula y yo queríamos
subir a pie toda la ruta. Hasta lo más alto: 3,175 pies
(¿metros?) sobre el nivel del mar. La mayor altura montañosa
del Caribe. Nosotros sólo teníamos referencias escolares,
durante las clases de geografía, de estos lugares. Me parece
que Antolyn y Curruco albergaban el mismo deseo, aunque no
lo dijeran. Ana Green nunca fue pretenciosa: quería llegar,
sin importar el cómo. Carmen, la española y Alan, el militar
francés, tenían experiencias escalando montañas; Carofina
(la dominicana amiga de estos) y Manuel (el escritor,
compañero de la española) ninguna. Curruco y yo habíamos
sido Boy Scouts, por lo tanto, alguna montaña nos había
tocado subir, pero eso estaba muy atrás en el pasado.
Ninguno pudo completar la subida, sin embargo. Mucho menos
bajar. La que más lejos llegó fue Carofina, la inexperta, y
ello por su santo terror a subirse en el lomo de una mula.
Terror que tuvo que perder puesto que le llegó el momento –
como a todos – de no aguantar más. La “avanzada”, como se
les dio con llamarse a Curruco y Antolyn, firmaron con los
carmelitas a penas después de remontar la primera gran loma:
el Pico de la Cotorra. Los otros fueron más sabios y se
repartían la recua de mulas desde el principio, cuando la
cosa empezó a ponerse difícil. La prieta y yo persistimos un
poco más y llegamos a escalar los 2,600 metros del Pico del
Yaque: “Agüita Fría”, le dicen los lugareños. Aquí nacen los
dos ríos Yaque del país: el del Norte y el del Sur, en dos
hoyitos insignificantes, de aguas friísimas, que tan sólo a
media montaña abajo (una hacia el sur, otra hacía el norte,
claro) se convierten en tremendos torrentes acuíferos: Dos
de los ríos más caudalosos y largos del país. El Yaque del
Norte, riega todo el grandioso Valle del Cibao, hasta
desembocar en la Bahía de Manzanillo, a cientos de
kilómetros de distancia, en el Océano Atlántico. El del Sur,
recorre la llanura de Azua, el Valle de San Juan y las
tierras agrícolas camino a Barahona, en cuya bahía entrega
sus dulces aguas al Mar Caribe. Y aquí es que nacen. ¡Qué
maravilla! Soy de San Juan, así que el Yaque del Sur lo
conozco muy bien; mucho más abajo, cuando pasa cerca del
pueblo.
Subir o bajar a pie o en mula, no es lo preponderante. La
gran verdad es que sólo después de que monté el animal, fue
cuando realmente pude gozar del entorno. Hasta entonces,
ponía más atención a la ruta, al camino; para no caer, para
no extraviarnos. Las mulas conocen más que todos nosotros
estas rutas. Entonces me ganó lo exuberante de la
naturaleza, la grandeza del entorno: el bosque húmedo de los
inicios, repleto de caña brava; las diferentes vistas
panorámicas mientras íbamos ganando lomas y altura; los
inmensamente verdes pinares; la vegetación casi virgen, que
se reproduce sola, siguiendo sus propias leyes naturales; el
canto del Jilguero, qué belleza el canto del Jilguero. 764
kilómetros cuadrados de extensión tienen estos dos parques
nacionales: J, Armando Bermúdez y José del Carmen Ramírez,
donde hemos entrado a vivir un poco. De rica y abundante
foresta, de ríos de aguas claras y frías. Tan distinto al
camino que vinimos recorriendo en el vehículo; todos
alarmados por los muy notables signos de deforestación.
Entonces, llegar al Pico, a lo más alto, y comprobar que la
vida tiene esperanza; que este país tiene sus reservas y que
hay que conservarlas, multiplicarlas. No se puede jugar con
esta verdad, nos puede costar la existencia. “Por cada árbol
caído, mueren diez personas con él”. Patética realidad en
boca del joven agrónomo Leonardo de Jesús, a cargo de toda
esta tierra.
No fuimos los primeros, ya otros han remontado estas
alturas, pero a cada uno nos ha quedado este singular
reguste por lo vivido. Por Santiago o por Jarabacoa; por San
Juan o por Padre Las Casas, esto es siempre grandioso, y le
queda a uno el eterno deseo de volver. De hecho, para Junio
del año que viene, hemos planificado reagruparnos y hacer
una expedición oficial de la Asociación de Guías Turísticos de la RD, con Tarja Conmemorativa y
todo. Y dejarla haya arriba, en lo más alto; como muestra de
que los guías nacionales amamos este país: sus bellezas, la
vida.
Junio, 1985






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